La batalla de Issos.

Tras derrotar al ejército persa en la batalla del Gránico (334 a.C.), gracias a la falange macedonia, la resistencia persa organizada desaparece de Asia Menor, exceptuando algunos focos aislados como Mileto o Halicarnaso. Tras pasar un año asegurando su conquista de la península de Anatolia (actual Turquía), Alejandro comienza su ofensiva hacia Siria con el propósito de neutralizar la peligrosa flota persa capturando sus puertos (entre ellos Tiro, cuyo asedio fue uno de los más importantes que logró Alejandro).

Un año más tarde, en el 333 a.C., cuando Alejandro se encontraba en Tarso (Cilicia), le llegaron noticias de que Darío amasaba un gran ejército en Babilonia. Si Darío conseguía alcanzar el Golfo de Issos, podría utilizar el apoyo de la flota persa al mando de Farnabazo III, que aún operaba en el Mediterráneo, facilitando su suministro y probablemente desembarcando tropas en su retaguardia. De este modo, el macedonio dejó su ejército principal en Tarso, pero encargó a Parmenio tomar la costa alrededor de Issos. En noviembre, Alejandro recibió informes de que el gran ejército había entrado en Siria. Decidió reagrupar su disperso ejército y avanzar hacia el sur desde Issos a través del paso de Jonás, las “Puertas de Cilicia”.

Darío, sabedor de que las tropas de Parmenio defendían el paso, eligió una ruta más septentrional. Los persas capturaron Isso sin oposición y asesinaron a todos los heridos que había dejado atrás Alejandro. Después avanzaron hasta formar la línea de batalla en una posición defensiva tras el río Pinaro.

Pero la situación del ejército persa, en un estrecho llano entre las montañas y el mar, impedía a Darío sacar ventaja de las grandes masas de infantería. Alejandro envió a algunas unidades de su caballería de Compañeros desde el centro al flanco derecho. Su carga súbita, cruzando el río, (en un vado de arrollo pobremente guardado por Darío) funcionó demasiado bien: el flanco derecho atacó, abandonando su posición original, mientras el centro pasaba a la defensiva. Esto abrió momentáneamente una brecha en la línea de combate macedónica. De haber explotado esta ventaja, Darío podría haber empujado al ejército macedonio hacia el mar.

Alejandro, sin embargo, en lugar de retirarse para cubrir el hueco entre la caballería y las falanges, desvió a sus compañeros sobre el flanco izquierdo persa, creando confusión en las filas enemigas y rompiendo su cohesión. Mientras el Gran Rey intentaba en vano maniobrar su ejército para enfrentarse a la nueva amenaza, la falange e infantería pesada de Alejandro cargaron en el centro, acabando con el poco orden que existía en el ejército persa.

Hasta el momento, los persas habían resistido en su flanco derecho (infligiendo serias pérdidas al flanco izquierdo de la caballería tesalia de Alejandro en el proceso), pero se hundieron al ver huir al resto del ejército. Darío viró su carro cuando vio caer el ala izquierda, huyendo del campo de batalla. Cuando el suelo se hizo demasiado inestable para su carro, finalmente lo abandonó junto a todo su equipo y siguió cabalgando a lomos de uno de los caballos.

El rey macedonio logró en Issos su más brillante victoria hasta el momento. Había derrotado al altivo rey persa en su propio territorio, humillándolo con su acto de retirada en la que dejó, aparte de los atributos reales y las insignias de su poder real, un cuantioso botín en el que se incluía a todos sus servidores, su esposa Estateira, su madre Sisigambis, a dos de sus hijas y a su hijo pequeño, prisioneros que el macedonio trató con el mayor de los respetos.

Darío III escribió varias veces a Alejandro Magno pidiéndole la devolución de sus familiares, al tiempo que le ofrecía tratados de paz, a lo que Alejandro Magno se negó altivamente, sabedor de sus fuerzas y de la propia debilidad interna del Imperio persa.

Ningún rey de Persia fue humillado tanto hasta entonces como lo fue Darío III, quien juzgó que dada su situación, la cual no podía ser ya peor, su única salida era la de reanudar la guerra con el insolente macedonio, con la que podía sacar alguna ventaja. Gracias a que todavía poseía inmensas reservas de oro depositadas en Damasco y algunos generales de los que lograron escapar a Issos, Darío III comenzó a reclutar nuevas tropas al este del Éufrates entre los millones de súbditos que aún obedecían al menor de sus mandatos.

La batalla de Issos
Gráficos de la batalla de Issos.

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