Viaje a Dublín, abril de 2008

Está claro que lo mío con el frío tiene poca solución. Yo ya tenía bastante claro que nunca podría trabajar en un país donde la mayor parte del año el clima fuese “incómodo”, con viento, lluvia o nieve, pero sin duda alguna este viaje ha confirmado este punto. Puede ser que en Irlanda pueda ganar mucho más dinero y mejorar como profesional, pero en 4 días que he estado allí, en pleno mes de abril, no ha habido un solo día en el que haya pensado que merezca la pena ir a vivir y trabajar allí. Prefiero ganar menos dinero y tener un clima apacible (aunque el de Madrid esté lejos, es mucho más agradable que el de Dublín) que ganar muchos miles de euros y pasar frío casi todo el año. Hay gente que me dice que el frío es mejor porque tiene más fácil solución: te pones más ropa y te abrigas más. El calor, dicen, no tiene la misma solución porque te quitas mucha ropa pero sigues teniendo calor. Visto así, es totalmente cierto, pero depende del frío que haga y del calor que haga. Si hace mucho frío, da igual cuanta ropa consigas llevar encima, al final necesitarás calefacción. Con el calor pasa lo mismo, pero a la inversa. Te puedes quitar toda la ropa y seguirás teniendo calor, cierto, pero ahí es cuando llega la hora de encender el aire acondicionado. Por lo tanto, si tengo que elegir entre llevar mucha ropa y tener la calefacción encendida o llevar poca ropa y tener el aire acondicionado encendido, me quedo con esta segunda opción.

Dicho esto, cabe comentar que Irlanda ha sido el país número 13 (sin contar España) que he visitado a lo largo de estos 30 años y no he tenido ningún tipo de mala suerte salvo el clima, pero eso no es mala suerte, simplemente… es. Debo confesar que me ha gustado volar con Aer Lingus, sobre todo porque fueron muy puntuales tanto en la ida como en la vuelta. Supongo que, cuando uno hace bien los deberes desde el primer vuelo, el resto del día va como la seda. Algunas compañías aéreas deberían aplicarse el cuento. No hubo problemas de ningún tipo en el vuelo de ida, llegamos a la hora prevista a Dublín y nos fuimos a coger el autobús 747, que lleva a la estación central de autobuses por el “módico” precio de 6 euros. Debemos considerarnos afortunados, al menos en Madrid, de tener unos precios tan bajos en el transporte que comunica el aeropuerto con la ciudad. Lo más curioso de este pequeño viaje en autobús, que dura unos 40 minutos, es que el autobús se quedó parado nada más pasar el peaje de la autopista, según el conductor porque al motor le faltaba agua y no refrigeraba bien. Sin embargo, nosotros aplicamos la teoría del Windows XP y sus constantes cuelgues, porque fue curioso ver cómo en el monitor del bus el dichoso sistema operativo de Bill Gates se reiniciaba… quizás fuera una coincidencia, o tal vez no. Con razón el conductor se fue de la estación de autobuses sin coger viajeros para el viaje de vuelta al aeropuerto, porque creo que no habría llegado más lejos del primer semáforo. Allí nos encontramos con el amigo al que fuimos a visitar, anduvimos 10 minutos por las frías calles de Dublín y llegamos a su casa para dejar las maletas y salir luego a cenar. Aprovechamos para hacer compra y tener cosas de desayunar, y luego volvimos a casa para dormir. Eso tuvo algo de complicación porque la casa es para una o dos personas, con una sola habitación, una sola cama, y nosotros éramos 4, así que los dos más dormilones y los que más roncan durmieron en la habitación, sobre una cama no demasiado cómoda, y los que nos roncamos fuimos al salón a dormir, sobre los mullidos cojines del sofá colocados ordenadamente sobre el suelo.

El segundo día, el sábado, nos despertamos pronto para empezar a ver la ciudad. No es que Dublín sea una ciudad donde haya muchas cosas que ver, la verdad, pero está bien darse una vuelta por el centro y ver las calles peatonales, como Grafton Street, donde podemos comprar casi de todo. Un poco más lejos encontramos el Trinity College o formalmente College of the Holy and Unidivided Trinity of Queen Elizabeth near Dublin (Colegio de la Santa e Indivisible Trinidad de la Reina Isabel cerca de Dublín), fundado en 1592 por la Reina Isabel I. Es la universidad más antigua de Irlanda. Cerca de allí se encuentra la zona llamada Temple Bar. La leyenda urbana dice que el barrio toma el nombre del pub homónimo, aunque el origen del topónimo se encuentra en la prohibición de acceso a los judíos. Camino del Castillo de Dublín encontramos, además de muchos pubs y bares típicos de Irlanda, algún edificio curioso que otro, y más adelante el edificio del Ayuntamiento de Dublín. A pocos metros podemos entrar al Castillo de Dublín, al menos podemos acceder a la parte del patio sin pagar un solo euro, porque para ver el interior hay que abonar la entrada (y allí las cosas no son especialmente baratas). Yo esperaba encontrar un castillo de verdad, como los muchos que hay en Irlanda y Escocia, pero resultó ser un poco… petardo. Palacio quedaría mejor, o palacete, que tampoco es muy grande, pero castillo… El caso es que de allí se puede ir rapidamente a la iglesia-catedral cristiana y, un poquito más lejos, podemos encontrar San Patricio, la catedral por excelencia de Dublín pues, no está de más recordarlo, San Patricio es el patrono de Irlanda (el 17 de marzo se celebra la festividad en honor a este santo, uno de los más famosos en el mundo, por lo menos su fiesta). Seguimos el recorriendo (andando, por supuesto) y nos dirigimos a la estación de tren para ir a un pueblecito que queda al sur de Dublín: Dun Laoghaire. Es el destino elegido para comer, y bastante bien, nuestra primera comida de verdad en Irlanda. Un poco cara, todo sea dicho, pero un día es un día, ¿no? Luego dimos una pequeña vuelta por el pueblo, porque pronto empezó a llover, y es que el clima no acompañó demasiado. Cogimos el tren de vuelta y nos dirigimos a casa de nuestro amigo para entrar un poco en calor. Luego, cuando ya empezó a anochecer, nos dimos una pequeña vuelta por el centro, pero ya sin luz, y luego fuimos a cenar a un restaurante cercano al río.

El tercer día, fuimos andando hasta el parque Phoenix, bordeando la orilla del río Liffey. La verdad es que ese día el clima no acompañaba lo más mínimo. Hacía frío, como casi todos los días que estuvimos allí, pero lo peor era el viento, gélido y cortante. Para poner las cosas un poco peor, el cielo se cubrió y empezó a llover y granizar. Nuestro objetivo en aquel parque era ver los animales salvajes que hay por allí, pero llevábamos andando buena parte de la mañana y el clima no acompañaba. Decidimos volver, nuevamente andando, hasta la zona centro de Dublín. Paramos a comprar la comida en un “fish and chips”, el típico restaurante de comida rápida de las islas. Yo pedí una hamburguesa y unas piezas de pollo fritas (los famosos “nuggets”). Luego, paseando de nuevo por la zona centro, empezó a nevar… La verdad es que solo duró unos minutos, aquello no iba a cuajar ni nada parecido, pero me soprendió bastante ver nieve en una ciudad en pleno mes de abril. De hecho, este año no había visto la nieve por Madrid, aunque eso creo que va a ser lo normal en el futuro. Tras pasar bastante frío pero habiendo visto casi todo lo que había que ver en la zona del centro, nos fuimos a casa a recuperar un poco el calor y a prepararnos para cenar en nuestra última noche en Dublín. Al día siguiente, tan solo quedaba hacer algunas compras y preparar la maleta para el viaje de vuelta.

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