Viaje a Grecia, junio de 2008

Grecia ha sido el país número 14 que visito (es el tercero de 2008, creo que el año que más viajes he hecho fuera de España), y debo confesar que me ha gustado. En total he pasado allí 6 días, aunque no completos. Llegué el miércoles 4 de junio por la tarde y me fui el lunes 9 de junio por la tarde. Creo que los horarios de los vuelos fueron perfectos, y tanto el vuelo de ida como el de vuelta también. Salí de la maravillosa T4 de Madrid – Barajas a las 12 del mediodía. Creo que no me cansaré de decir que es la terminal aeroportuaria más bonita que he visto nunca, y eso que he estado en muchos aeropuertos. No deja de resultar curioso que el aeropuerto de Atenas, el Eleftherios Venizelos, construido para los Juegos Olímpicos de 2004, es un edificio vulgar, pequeño y poco amplio, funcional pero simple… Comparado con el aeropuerto que ha construido Sir Norman Foster para Beijing, es feo y aburrido. El caso es que me encanta la T4, todo un acierto para el aeropuerto más importante del sur de Europa y uno de los más importantes del mundo por volumen de pasajeros.

Volviendo al viaje en sí, fue la primera vez que usé el check-in on line y creo que lo usaré siempre que pueda. Poder escoger el asiento antes de llegar al aeropuerto y tener la posibilidad de ir tranquilamente al aeropuerto con menos de una hora de antelación no tiene precio. A la ida pude escoger la fila 12, asiento D, un buen sitio para luego no perder mucho tiempo a la salida del avión. Curioso me resultó también la distancia entre los asientos, más amplia de lo habitual (al menos para mí, que suelo ir siempre muy comprimido). Además, nos dieron de comer, cosa que yo pensaba que había suprimido Iberia de todos sus vuelos no intercontinentales. Teniendo en cuenta mi experiencia en el viaje a Praga, con todos los niñatos (ojalá se pudran), o mi viaje a Dublín, que iba algo apretado en el asiento, estos vuelos han sido maravillosos.

Llegué a Atenas el día 4 por la tarde, a la hora prevista. Al no llevar una maleta grande, uno se ahorra la espera en el aeropuerto para que salgan las maletas del avión. Directamente va a la salida, mientras que muchos viajeros tienen la necesidad de esperar unos minutos (a veces pocos, a veces muchos). Así fue que salí para encontrarme con mi amiga Dora, aunque no estaba seguro de si estaría allí, por cosas de su trabajo… ¡¡Sin embargo allí estaba, esperándome!! Qué amiga tan guapa tengo, ¿verdad? El caso es que fuimos a buscar el coche de su hermana (y digo “buscar” porque no se acordaba de dónde estaba exactamente). Qué decir del coche… un poco cascajo, viejo, un Opel Corsa sin aire acondicionado, dirección asistida… esas comodidades que tienen los coches hoy en día, pero que nos llevó sin problemas cerca de su casa. Ahí pudimos coger el Metro, concretamente la línea 3, parada Doukissis Plakentias, en dirección al centro de la ciudad, parando en la estación de Syntagma. Siendo ya por la tarde, lo que hicimos fue dar una vuelta por la zona, ver la Acrópolis de cerca (pero sin subir), tomar algo… En cuanto empezó a refrescar, decidimos volver a la parada de Metro para ir a casa de Dora. Curiosamente, allí cenamos mientras veíamos una de las peores películas que hay: The fast and the furious. Sinceramente, es un bodrio patatero, infumable y penoso, pero teniendo en cuenta que mi nivel de griego es muy bajo, y allí las películas se emiten en inglés con subtítulos en griego, era la mejor opción para ambos. Debo reconocer que fue gracioso, porque la película tiene puntos muy graciosos aunque no sea esa la intención, y nos reímos mucho.

Al día siguiente, teníamos nuestra primera excursión: Nafplio. Se trata de un pueblo costero situado al suroeste de Atenas y que destaca especialmente por el castillo de Palamidi, construido por los venecianos en el siglo XVII. Así que alquilamos un coche en Atenas (un Polo) y nos hicimos los 150 kms (aprox.) que hay hasta allí en un rato largo (porque nos perdimos). Aparcamos el coche en un parking y dimos un paseo por el centro del pueblo, muy bonto, todo sea dicho, pero nosotros íbamos primero a la playa de Arvanitia, “debajo” del castillo, es decir, que el castillo estaba en una loma junto a la playa y nosotros, desde abajo, podíamos ver una de las murallas del mismo. Me gustó la playa porque había poca gente y el sitio estaba muy bien, pero que fuese de piedras me rompió un poco… ¿Por qué? Pues porque tenía el tobillo hecho polvo, me hice un esguince 4 días antes jugando al fútbol y lo tenía bastante jodido, y pisar piedras en esas condiciones era realmente doloroso. Pero como yo soy un machote (y un imprudente), me metí en el agua hasta los tobillos y luego me fui otra vez a la tumbuna, porque el agua estaba congelada. Por lo menos ese día me sirvió para coger algo de color, porque estaba más blanco que la leche (casi como ahora, 2 semanas después). Después de estar un buen rato en la playa, fuimos en coche hasta el castillo Palamidi, porque se podía subir andando pero no estaba el horno para bollos. Lo malo fue que, al llegar hasta la entrada, comprobamos que habíamos llegado tarde, porque ya estaba cerrado. Hicimos algunas fotos, porque las vistas eran muy buenas, y luego cogimos el coche para volver a Atenas. Llegamos ya de noche, pero reconozco que fue un buen día y no me quemé la piel con el sol, por suerte.

Para el viernes teníamos pensado ir a una isla, porque creíamos que habría poca gente y sería un buen día para ir, pero al final nos pilló el toro (es lo que tiene despertarse tarde) y decidimos que ese día era mejor visitar Atenas, el plan para el sábado, y dejar la isla para el fin de semana. Así que nos fuimos otra vez al Metro y esta vez nos paramos en la parada que hay “junto a” la Acrópolis, porque donde aparece uno es junto al nuevo museo de la Acrópolis (el viejo se encuentra arriba, junto al Partenón). Está todavía por terminar, pero merece la pena darse un paseo por fuera porque está encima de unas ruinas griegas, al parecer parte de la antigua ciudad. Es raro ver que para conservar esa parte de su patrimonio tengan que hacer un museo justo encima, estropeando partes de esas ruinas, pero supongo que es mejor así… Fue curioso, no obstante, ver llegar a un grupo de yanquis, de mi edad, más o menos, diciendo “What shit is this??”, o lo que es lo mismo, “¿Qué mierda es esta?”. En fin, son una panda de ignorantes con mucho dinero. Como no había tiempo, nos fuimos de allí en dirección a la Acrópolis, que estaba relativamente cerca. Pagué religiosamente mis 12 euros y vi con asombro que Dora entraba por la patilla porque tiene un carnet de arqueóloga. El caso es que, subiendo un poco (porque queda en un pequeño promontorio), lo primero que se puede ver es el odeón de Herodes Atico, construido en el siglo II a.C. por Herodes Atticus en memoria de su mujer. Fue usado para conciertos de música y contaba con una capacidad de 5.000 espectadores. Fue restaurado con mármol en la década de los 50 y actualmente se usa para teatro, conciertos y danza en el Festival de Atenas. Subiendo un poco más, uno llega al meollo de la cuestión. Lo primero que se puede ver cuando uno llega a la parte de arriba es el Propileos, la puerta de acceso occidental a la Acrópolis, y fueron diseñadas por el arquitecto Mnesicles. A la derecha de las puertas se podría ver el templo de Atenea Niké si no fuera porque estaba cubierto totalmente por unos andamios y unos plásticos. Antes de seguir, debo aclarar que toda la Acrópolis está sometida a un profundo proceso de restauración, que básicamente supone reforzar aquellos puntos más débiles de los edificios que hay en la zona, todo a base de mármol, sin añadir más cosas de las necesarias (desde luego, el friso del Partenón lo pondrán el día que los ingleses cabrones decidan devolverlo, porque robar no está bien). El caso es que el tempo de Atenea Niké no pudimos verlo, pero no está de más saber un poco más de esta obra de arte. Fue construido en el siglo V a.C. según el proyecto de Calícrates, quien diseñó un templo de estilo jónico en contra del orden dórico del resto de edificios de la Acrópolis. Cerquita del tempo se puede ver el Partenón, aunque rodeado de grúas y andamios por las razones que dije anteriormente. Se trata de un templo dedicado a Atenea, diosa protectora de la ciudad de Atenas, y fue construido en estilo dórico durante el siglo V a.C. La obra fue iniciada por Pericles y los arquitectos fueron Ictino y, nuevamente, Calícrates. Desde los alrededores de la Acrópolis, las vistas de Atenas son muy buenas y muy bonitas. Se puede ver el teatro de Dionisio, Filopapos, el templo de Zeus, el estadio Panathinaiko, el tempo de Hefesto y otras cosas. Tras dar una vuelta, llegamos al Erecteión, un templo erigido en honor a Atenea, Poseidón y Erecteo, mítico rey de la ciudad de Atenas. Es de orden jónico y fue construido a finales del siglo V a.C. presuntamente bajo las órdenes de Mnesicles, el autor del Propileos. Destaca por uno de sus lados, donde se encuentran las Cariátides (figura femenina esculpida), lugar donde se encontraba la tumba del mítico rey Cécrope. Desde allí nos dirigimos de nuevo al Propileos para salir en dirección al Aeropagus o monte de Marte. Luego bajamos un poco para ver el Agora Antigua, el Palacio de los Gigantes y el templo de Efesto. De ahí fuimos a comer, que ya había hambre, y esta vez tocó el turno en un restaurante italiano (donde comí muy bien, pero mucho). Y ya por la tarde, estuvimos dando una vuelta por Plaka, un barrio cercano a la Acrópolis, con calle estrechas y en su mayoría peatonales, con tiendas, mercadillos, cafeterías, heladerías, terrazas… Y por la noche, vuelta a casa.

El sábado hicimos lo que no hicimos el viernes, así que cogimos el metro hacia el Pireo, el puerto de Atenas (donde se puede montar en barco, claro está) y vimos qué opciones teníamos, porque islas hay muchas, pero el tiempo no nos sobraba. Así que la mejor opción por hora de salida y duración del trayeto era Aegina. Como teníamos algo de tiempo antes de que saliera el barco, fuimos a dar una vuelta por el actual campo de fútbol del Olympiakos y vimos también el pabellón de la Paz y la Amistad. Aprovechamos también para tomar algo y luego nos fuimos de nuevo al puerto, para coger el barco. Tardamos 40 minutos desde el puerto del Pireo hasta la isla, un viaje bastante tranquilo y rápido. Una vez allí, en el pueblecito donde atracaba el barco, comimos un poco antes de ir a la playa. Después, como el tema de los autobuses estaba jodido (porque ya no había autobuses que se movieran por la isla), cogimos un taxi y nos fuimos a una playa relativamente cercana. Un sitio realmente tranquilo, con unas vistas muy bonitas, y el agua estaba un poco más caliente que la vez anterior, porque me atreví a llegar hasta el cuello… Volver desde la playa al pueblo fue algo más complicado que la ida, porque había una carretera cerca pero los autobuses no iban a pasar y necesitábamos un taxi. Antes de recurrir al teléfono, estuvimos esperando unos 20 minutos y justo cuando íbamos a llamar… llegó un Mercedes clase E y nos recogió, a pesar de que iba con gente dentro. Se supone que uno puede decirle al taxista, desde dentro, que pare a recoger a más gente, y eso fue lo que pasó. Mis agradecimientos desde aquí a esas dos “bellas” señoritas. Una vez en el pueblo, dimos una pequeña vuelta por las calles del interior, las que no estaban pegadas al mar, y ya nos fuimos al muelle para entrar en el barco que nos llevaría de vuelta al Pireo. De ahí hasta el Metro para llegar de nuevo a casa de Dora.

El domingo por la mañana, después de despertarnos (tarde), fuimos a ver la Villa Olímpica que se construyó para los Juegos Olímpicos de 2004. No sé si el 100% es obra de Calatrava, pero está claro que la zona de los accesos, el estadio olímpico y el velódromo son cosa suya. Su estilo es evidente, me encanta lo complejo de sus obras y creo que el conjunto que se puede ver en la Villa Olímpica es impresionante. Entrar es gratis, aunque no se pueden visitar los edificios por dentro, aunque tal vez no se podía por ser domingo. De ahí fuimos a un centro comercial que había cerca, aunque estaba todo cerrado menos los restaurantes y bares. Allí comimos tranquilamente, hacía un día perfecto y las vistas eran muy buenas, porque teníamos la Villa muy cerquita, pero desde mayor altura que el suelo (importante), y más al fondo se podía ver la ciudad de Atenas. Una vez terminamos, cogimos el Metro y nos dirigimos nuevamente al centro de la ciudad. Cerca de la Acrópolis habíamos olvidado ver el Agora Romana, de la que apenas quedan unas pocas columnas y muchas piedras. Lo más impresionante del sitio, no obstante, es la Torre de los Vientos, construida en el siglo I a.C. y que no tenía más uso que un reloj. Curioso, ¿no? Desde allí fuimos andando hasta el estadio Panathinaiko, pasando antes por delante de la casa del presidente griego, donde pude ver de cerca, por primera vez, a los militares griegos vestidos con el uniforme clásico. Lo más impresionante fue pasar por delante de ellos y ver que no movían ni los ojos, eran lo más parecido a unos muñecos de cera con vida. No sé cuánto tiempo pasan así, pero yo sé que no aguantaría ni 10 minutos (sobre todo si por delante pasa gente, coches, animales, etc.). Desde allí al estadio tardamos unos 5 minutos andando. Este estadio es famoso porque fue el que se utilizó para los primeros juegos olímpicos de la era moderna, los que tuvieron lugar en Atenas en 1896. Fue construido un año antes y, como en aquella época no estaban definidos los estándares del atletismo moderno, tiene esa característica forma de U, uno de los fondos no está cerrado y la cuerda tiene una medida diferente a la de los estadios modernos. Ya se hacía de noche, y teníamos mesa reservada en un restaurante español (El Sueño), que sobre todo destaca por tener unas vistas maravillosas sobre la Acrópolis de Atenas. La comida en sí… bueno, queda lejos de ser la típica comida que uno puede degustar en España, pero estaba bien, y el precio no era demasiado alto. Lo malo vino a la hora de pagar, pues no admitían tarjeta por no tener línea fija, así que tuvimos que pagar con dinero y luego nos vimos con la obligación de ir a un cajero a sacar dinero. Así que, con toda la ilusión del mundo, metí mi tarjeta de Openbank y vi el mensaje en griego que ponía en la pantalla, pero no me pedía mi pin… ¿por qué no? Dora me dijo que el cajero había dado un error y ¡¡se había quedado con mi puta tarjeta!! Se me tuvo que quedar una cara de lelo… Llamó Dora al teléfono del banco (Eurobank) y le dijeron que ellos no podían bloquear la tarjeta y que era posible que el cajero devolviera la tarjeta en cualquier momento. ¡¡Alucinante!! Me tocó llamar a mi madre para que ella pudiera bloquear la tarjeta, y con la tontería, se nos pasó mucho el tiempo y casi no llegamos a coger el Metro.

Al día siguiente solo había tiempo para hacer la maleta e ir al aeropuerto con Dora. Espero verte pronto, ¿eh? Tenemos cosas pendientes :P

Anuncios

One thought on “Viaje a Grecia, junio de 2008

  1. victor 23 junio, 2008 / 2:44

    hola david paso por aqui despues de tiempo ,sigues teniendo tu espacio muy bueno , que todo te este yendo muy bien , a ver si te das un saltito por mi espacio , te mando un fuerte abrazo , tu amigo de lima  Peru , victor :)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s