Viaje a Grecia, junio de 2009

Espero equivocarme al asegurar que este será mi último viaje en el presente año, y no puedo quejarme realmente porque a principios de 2009 ni siquiera esperaba salir del país, y sin embargo, 6 meses después, he podido visitar Florida y Grecia, una vez más, aunque esta vez tocaba el Peloponeso.
Lo primero que debo decir es que a uno le genera cierto miedo el hecho de ver que 2 días después de volver de Miami, un Airbus de la compañía Air France desaparece en mitad del Atlántico y poco después se confirma que ha sufrido un accidente. Es obvio que las estadísticas están ahí y que es más probable morir alcanzado por un rayo que en un accidente de avión, pero… ¿qué control tenemos nosotros sobre algo así? Pensemos que en un solo día hay miles de vuelos en todo el mundo y apenas hay algunos accidentes a lo largo del año. Parece obvio que esto es como la lotería, las probabilidades son escasas pero siempre están ahí. Y para más inri, el avión siniestrado era de la compañía Airbus, el mismo en el que volé yo en ambas ocasiones: A340 para Florida (a la ida y a la vuelta), A321 para Atenas y A320 para Madrid (el mismo modelo que el del accidente de Air France). No creo que podamos ser fatalistas, hay que confiar en que todo saldrá bien, y que en el mismo momento en el que escribo estas palabras hay cientos de aviones surcando los aires de este planeta. Si tiene que tocarme, me tocará, al igual que la lotería (ojalá sea pronto esto último).
Bien, me centro en el viaje. Lo primero que uno debe hacer es el check in online, bastante útil para ahorrar tiempo de espera en el aeropuerto pues uno puede llegar casi a la hora del embarque. Valga decir que a la vuelta llegué a la puerta de embarque y ya habían empezado a subir gente al segundo autobús… Aproximadamente, el vuelo hasta Atenas dura unas 3 horas y media. Iberia tiene a bien dar una comida a la hora y media de haber despegado, algo que se agradece al aterrizar en el destino. Allí me esperaba mi amiga Dora, que no se había quedado dormida Ojos en blanco

Desde el aeropuerto internacional de Atenas, el Eleftherios Venizelos, nos dirigimos hacia Cabo Sounio, donde podemos encontrar el Templo de Poseidón (4 euros la entrada). Este cabo se encuentra al sureste de Atenas, no muy lejos.

Templo de Poseidón (Sounio)
El día 22 no daba para mucho más, así que después de ver el templo nos dirigimos de vuelta a Atenas, concretamente a Gerakas. Dejé mi maleta en casa de Dora y nos fuimos a un sitio bastante bueno para cenar, situado en el parque Alsos Papagou. Yo pensé que sería una zona bastante pija, por lo que vi al entrar, pero luego no resultó ser así, sobre todo por el precio. Así que nos metimos en un restaurante italiano con una terraza muy buena y yo me comí unos macarrones carbonara que estaban muy buenos. De ahí volvimos a casa de Dora para dormir. Al día siguiente empezaría realmente nuestro viaje por el Peloponeso.

El día 23 salimos desde Atenas en dirección a Corinto. Aproximadamente hay una en coche, pero en Grecia son un poco acelerados y se puede llegar en 45 minutos, peajes incluídos. ¿Qué se puede ver allí? Básicamente 2 cosas: Antigua Corinto y Acrocorinto. No hay un orden lógico de visita, pero lo primero que podemos encontrar es la antigua ciudad griega de Corinto, que dista a pocos kms de la actual ciudad. El estado de conservación es razonablemente bueno y hay que pagar 6 euros por entrar. Si no queremos pagar, siempre podemos optar por echar un pequeño vistazo desde fuera, aunque nunca será lo mismo, y podemos ver gratuitamente los restos del Odeón y del teatro romano, aunque de éste apenas se conserva nada. Muy diferente de esto es lo que podemos ver en Acrocorinto, lo cual exige coger el coche para desplazarnos hasta allí. El acceso es gratuito, y me parece que el motivo no es otro que su dificultad para ser visitada. Se trata de una fortaleza que fue pasando por varias manos (francos, otomanos, etc) y que la única forma de ser visitada es a pie. Las piedras son resbaladizas, el calor era insoportable y la ascensión demasiado larga. Nos quedamos a media altura, era imposible llegar hasta arriba del todo sin morir en el intento, y si uno va de vacaciones prefiere tomarse las cosas con cierta calma. Así que bajamos, no sin ciertos apuros, y nos fuimos hacia la playa más cercana, a unos 10 minutos en coche, con el objetivo de comer. Después, tranquilamente, cogimos el coche y nos fuimos hasta Trípoli, donde íbamos a pasar la noche. El hotel elegido fue el Anaktorikon, situado en buena zona pero con algunos incovenientes: tiene un parking fuera del hotel y tan solo para 6 coches (minimalista), así como el hecho de que algunas habitaciones dan al exterior y la música de los locales cercanos puede ser molesta.

Antigua Corinto Acrocorinto

El día 24 fuimos desde Trípoli hasta Esparta, la ciudad del rey Leónidas, famoso por la película de 300 y más famoso por la batalla de las Termópilas contra el ejército persa de Jerjes. A 5 kms de allí se encuentra Mystras, una ciudad de origen bizantino que fue fundada por los francos en el año 1249. Digamos que la ciudad se divide en dos partes según la altura, la ciudad alta (donde está el castillo) y la ciudad media. A ambas se puede llegar en coche hasta cierto punto. En la parte de abajo es donde podemos encontrar la mayoría de las cosas, como muchas de las iglesias y la Metropolis. Arriba podemos visitar, principalmente, los restos del castillo. El acceso al recinto son 5 euros y, en mi opinión, merece la pena hacer el esfuerzo (porque requiere algo de esfuerzo físico, hay que andar bastante y sobre todo subir y bajar muchas cosas, especialmente en el caso del castillo). La visita puede durar, aproximadamente, unas 2 horas. Después de eso, fuimos a nuestro hotel, el Byzantion, en la ciudad moderna de Mystras. Muy bien este hotel, muy tranquilo, no muy moderno pero con wifi, buen desayuno, una piscina muy bonita y, en nuestro caso, unas vistas geniales. Sin embargo, como el clima no acompañaba demasiado, nos fuimos a pasar el resto de la tarde a Esparta. Esta ciudad es algo bulliciosa, sobre todo la zona que está cerca de la avenida principal. Además de poder tomar algo en Spartis Square, podemos ir andando hasta el Ethniko Sparti, un polideportivo donde había mucha gente corriendo o practicando fútbol y que destaca por estar presidido por una estatua de Leónidas. Un poco más lejos, y andando, podemos encontrar la antigua Acrópolis de Esparta, que apenas conserva nada interesante, y el teatro de la antigua ciudad, que está en un estado bastante bueno. Después de cenar, y como el día ya tocaba a su fin, nos fuimos de nuevo al hotel para dormir.

Mystras Leónidas (Esparta)

El día 25 fuimos en coche hasta Monemvasia, un pueblo dividido en 2 partes: la moderna y la antigua. La moderna ha crecido en el lado peninsular y la antigua se asienta en una pequeña isla que está unida a la península a través de un puente. Pero algo que queríamos hacer antes de ver la ciudad era disfrutar un poco de la playa… Y es que unas vacaciones en junio, en un sitio así, son probar la playa es una locura. No recuerdo el nombre de la playa en la que estuvimos, pero sí creo recordar dónde estaba, en dirección al sur desde Monemvasia, a unos 5 kms. De hecho, me atrevería a decir que es esta. Una playa muy tranquila, con poca gente y buenas vistas. Tras pasar bastante calor y comprobar, para mi gusto, que el agua estaba un poco fría, nos fuimos a ver la ciudad antigua, situada dentro de la isla. Para llegar allí lo mejor es usar el coche y dejarlo lo más cerca posible de la entrada a la ciudad, aunque pueda no resultar sencillo. Lo primero que se ve es unas pequeñas calles, estrechas y bastante bien conservadas o restauradas, llenas de pequeñas tiendas, hoteles, bares y restaurantes. Es muy bonito, y desde los restaurantes las vistas son muy buenas, merece la pena comer allí. Lo único realmente malo, y vuelvo a acordarme de Acrocorinto y Mystras, es que para subir al castillo o lo que queda de él, hay que ir a pie. No es un problema del esfuerzo físico, sino del calor que hace en verano. Pienso que si el visitante pudiera elegir entre un medio de subida automático (un ascensor o un funicular) el sitio sería más rentable de explotar, turísticamente hablando. No sé, como ejemplo me vale la Cueva de los Vientos, en las cataratas del Niágara. En el lado americano, para bajar a este sitio, existe un ascensor que va por dentro de la roca y que facilita mucho el acceso a un lugar tan bonito de ver. Todo llegará, supongo. El caso es que las vistas desde arriba son muy buenas, y para una vez que voy… pues hay que subir, ¿no? Después del descenso, fuimos hacia el coche porque necesitábamos una ducha en el hotel, el Panorama (muy buenas vistas, internet, desayuno y no muy caro). Por la tarde-noche nos fuimos de nuevo a la ciudad antigua porque el ambiente es algo diferente. Pero sin duda me quedo con una cosa que no muchos son capaces de apreciar, creo yo. Cuando salimos de la ciudad antigua e íbamos al coche, lo espectacular estaba sobre nuestras cabezas, y es que un cielo sin contaminación lumínica ni de otro tipo ofrece unas vistas increíbles del firmamento, así como la posibilidad de ver la Vía Láctea, nuestra galaxia. Es la segunda vez en mi vida que la veo con tanta claridad y es muy bonito.

Monemvasia Monemvasia Monemvasia

El día 26 no había gran cosa que hacer, pero aún así aprovechamos para estar por la mañana en la playa y tomar algo el sol, que a mí me hacía bastante falta. Después de eso nos fuimos a Gythio, un pueblo situado al sur de Esparta y donde comimos y nos tomamos algo para luego coger la carretera y volver a Atenas.

Gythio
El día 27 ya tocaba volver a Madrid…

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