Jazztel, un mal proveedor de internet

Después de un año y medio largo con Jazztel solo puedo tener palabras de reproche contra un proveedor de internet que funciona, al menos en mi caso, realmente mal. Es obvio que a muchas personas les irá bien, solo sé que las distancias con las distintas centralitas puede marcar la calidad de un servicio. En mi caso, a pesar de vivir en una zona razonablemente buena de Madrid, estamos alejados de cualquier cosa que implique un contacto con la civilización moderna. Para empezar, la boca de metro más cercana está a 15 minutos andando de casa, la segunda a 16 y la tercera a otros tantos. Para seguir, la fibra óptica no pasa por mi calle y no creo que lo haga en breve, porque ONO debe considerar que al ser pocos vecinos (la calle es corta y las casas no pasan de los 4 pisos) no somos dignos de la instalación de su cableado, es decir, no somos rentables. Para terminar, las centralitas de los proveedores de internet deben de quedar a bastantes kilómetros y la conexión falla más que una escopeta de feria.

Todo empezó con EresMas, o como yo decía, EresMenos. En aquella época, a uno le daban un ADSL de 128 k de bajada y se le caía la lágrima después de haber experimentado los 14.400 kbps, bajando cosas a 2 k por segundo, más o menos. De repente, EresMas (o menos) doblaba la velocidad del servicio sin previo aviso y nos dejaba un mes sin internet (más o menos, también). Así hasta llegar a 4 mb de bajada y un servicio bastante defectuoso, incluyendo un teléfono de pago y mucha espera (para pagar más) para resolver las dudas o problemas técnicos, que eran muchos (para pagar más, claro). Todo eso derivó en Orange, y por eso me refiero al proveedor de internet EresMas, que sufrió algunos cambios de nombres antes de llegar al definitivo. A pesar de ese cambio, los problemas seguían siendo los mismos: muchas desconexiones todos los días, mucho dinero a final de mes en internet y 902, etc.

Cuando uno se cansa de que le roben cada mes, porque las cosas hay que decirlas como son, prefiere cambiarse de compañía. Está claro que no se puede comprender que una compañía pueda birlarnos una cantidad X de dinero cada mes por un servicio muy defectuoso y que nosotros tengamos que pagar religiosamente lo que estipula en el contrato. Es decir, ellos pueden pasarse el contrato por el forro de los pantalones pero nosotros no porque rápidamente vamos a una lista pública de morosos y nuestra vida puede complicarse bastante a la hora de pedir créditos, préstamos o hipotecas. Claro, podemos plantearnos la opción de la demanda, pero no tenemos dinero para tanto abogado/letrado y preferimos cumplir con nuestra obligación a la espera de que la otra parte cumpla con la suya: 24 horas de internet ININTERRUMPIDO. Y sinceramente, a sabiendas de que la OCU y FACUA no sirven para mucho, es mejor agachar la cabeza y dejar que estas compañías nos sometan a pesar de que viven gracias a nuestro dinero.

Más tarde, cuando la situación con Orange era ya insostenible, cambiamos a Telefónica, comúnmente conocida como Timofónica, ¿quién si no? Como todo en esta vida, contratar el ADSL con esta gran compañía (gran de grande, de tamaño y volumen, no de prestigio) tenía sus ventajas y sus desventajas. La gran ventaja era tener el servicio técnico gratuito, es decir, que si yo tenía cualquier problema venía un técnico o hasta dos a mi casa para ver qué podía estar fallando. Eso no pasó con Orange, que se limpiaba las manos en ese sentido porque el alquiler de la línea lo pagábamos a Telefónica, que a su vez se limpiaba las manos porque el ADSL lo teníamos con Orange. Y ahí se acababan las ventajas, porque luego empezaban las grandes desventajas, y es que pagábamos al mes más de 70 euros por un servicio bastante penoso que incluía una mísera conexión de 3 mb frente a los 4 mb de Orange con la excusa de que la línea de cobre no daba para más (no soy muy inteligente, pero si con Orange tenía 4 mb, es de suponer que podía tener más de 3 mb con Telefónica, ¿no?). Además, en aquella época, Telefónica andaba ya vendiendo 10 mb de conexión, imagino que para unos pocos privilegiados entre los que yo no estaba. Pero además de haberme rebajado la velocidad de la conexión, resultaba que los fines de semana era imposible mirar siquiera el correo porque la conexión a internet se iba de paseo a cada rato. Después de varias visitas por parte de los técnicos de la compañía, llegaron a la conclusión de que no merecía la pena engañarme más. Me dijeron que hasta que no hubiera fibra óptica, no tendría internet como era debido. La distancia hasta la centralita de Telefónica desde mi casa hacía que, ante una saturación de la misma, las señales más débiles, entre ellas la mía, se fueran, hablando en plata, a la mierda.

Llegado noviembre de 2009 recibo una llamada en casa. Un individuo con acento extranjero, de algún país del norte de Europa (eso deduje) me dice que hay una oferta de Jazztel para que cambie de proveedor de internet. Al principio no me convence porque pienso que son todos iguales, ofrecen mucho, luego no dan nada y cobran mucho. Tras un rato largo comentándome todas las ventajas de Jazztel frente a Telefónica, decido que voy a cambiar. ¿Qué me dijo para convencerme? Para empezar, iba a pagar unos 30 euros menos al mes (sí, 360 euros menos al año) y eso ya cuenta mucho aunque el servicio sea igual de malo que el que tenía en aquel momento. Para seguir, me dijo que iba a tener 6 mb y no 3 mb, cosa que no entendí porque según Telefónica no podía sobrepasar esa velocidad por culpa de la línea de cobre. El comercial de Jazztel me dijo que no era un problema de la línea sino de la centralita, y es que ellos habían invertido mucho en ese tema y tenían aparatos nuevos que daban más velocidad y mejor servicio, mientras que las centralitas de Telefónica de mi zona (a kilómetros de mi casa, claro) eran viejas y destartaladas. Además, me comentó que las llamadas al servicio técnico eran gratuitas, mientras que con Telefónica habían pasado a depender de un 902. Todo ventajas, la verdad. Así que apruebo el cambio, hay mucho que ganar y poco que perder.

A principios de diciembre llegó el router de Jazztel, un router de calidad media-baja pero con wifi y multipuerto, no como la mierda de router monopuerto sin wifi que me dio Telefónica por darme de alta con ellos. Empezó bien la cosa, no había más que conectar cada cosa en su sitio y todo empezaría a funcionar en el momento. Una delicia, desaparece el ruido de la línea, porque era vergonzoso tener una conversación por teléfono en mi casa cuando estaba con Telefónica, con un ruido de fondo que hacía casi inaudible a la otra persona. Empiezo a ver que las cosas que me dijo el comercial de Jazztel se van cumpliendo, pues también tengo 6 mb de bajada y medio mb de subida. Es decir, ya tengo mucha más velocidad de la que tenía con Telefónica y sin ruido en la línea. Además, llegan las facturas y no pasan de los 50 euros frente a los más de 70 que pagaba antes. Qué maravilla, qué lujo, qué gusto, ¿verdad? Sin embargo, pasado el tercer mes, es decir, pasado el momento en el que podía cambiarme de nuevo a Telefónica y Jazztel me devolvería el dinero, empiezo a tener problemas. ¿Casualidad? Y una mierda, con este tipo de compañías no existen las casualidades. Después de 3 meses sin ruido en la línea y sin desconexiones, empiezo a tener un poco de todo. Llamo al teléfono gratuito de atención al cliente y me van ayudando en la medida de lo posible. Al quinto mes, me dicen que tiene que ir un técnico a mi casa y que me van a soplar, robar o cobrar 50 euros por la visita. Acepto, porque empiezo a ver que el caso de Orange y Telefónica se repite. Viene el técnico y me cambia el PTR. Echa un vistazo al router y me dice que es posible que se queme cuando llegue el verano porque es muy mala calidad, pero es el que me ha dado Jazztel, ¿qué puedo hacer? Solo cruzar los dedos y esperar que resista, para no tener que comprar otro. Sigue mirando cosas y me dice que, oh casualidad, la distancia con la centralita es grande y que tendré problemas con eso, algo que el comercial de Jazztel me había asegurado que no pasaría, que eso solo me pasaba con Telefónica porque son la encarnación de Satanás (totalmente cierto, todo sea dicho). Después de aquella visita dejé de tener problemas durante un tiempo, pero las desconexiones volvieron, el ruido a la línea también, la velocidad bajaba de 6 mb a 64 kbps (sí, como en la Prehistoria de internet) y cuando llamaba al servicio técnico de Jazztel resultaba que… ¡la culpa era mía, señor Pérez! Evidentemente la culpa es mía bien por haber comprado una casa alejada de todo vestigio de civilización moderna, bien por haber contratado Jazztel. ¿Por qué decían eso? Porque ellos quieren curarse en salud, evidentemente, y porque estarían encantados de enviarme un técnico a casa cada día para que me pudieran soplar 50 euros con cada visita. Según me decían, la señal llegaba perfectamente al PTR, con lo que había algún problema en el cableado interior. Después de hacer apaños de todo tipo y cambios de cable, los problemas seguían siendo los mismos. Y de repente llegó a mí una idea, una señal, una iluminación divina… ¿sería un problema del PTR que Jazztel me había cambiado en mayo de 2010? Empecé a probar y descubrí que así era, y mi ira creció como la espuma. Es decir, Jazztel me había atracado en casa y yo no me había dado cuenta. Por suerte solo me había robado 50 euros, pero era un atraco en toda regla. Una vez descubrí eso, que el PTR estaba mal (culpa del técnico de Jazztel que lo cambió), decidí dejar de llamar al servicio técnico de la compañía, que debe de estar en algún lugar perdido de Sudamérica, porque siempre me atienden sudamericanos, y cada vez que tenía una desconexión me iba al PTR, levantaba la pestaña y, oh misterio, volvía a recuperar la velocidad y la conexión se estabilizaba.

Sin embargo, debo decir que sigo teniendo muchas desconexiones, dos mientras escribo esto, y sigo perdiendo velocidad cuando tengo una desconexión, 1 mb desde la última desconexión cuando tengo contratados 6 mb. Además, lo más llamativo del caso es que puedo estar una semana conectado las 24 horas de cada día a 5-6 mb y de repente, un día, es imposible navegar por internet porque la conexión no ha querido venir. ¿Realmente la culpa es del PTR? Yo creo que una parte de culpa está en el cambio del PTR que hizo el técnico de Jazztel en su día, pero me juego las manos a que la mayor parte de culpa está en Jazztel, en su centralita y en que no son capaces de satisfacer toda la demanda que tienen en estos momentos. En fin, yo me despido ya camino del PTR para volver a levantar la pestaña de las narices, que quiero recuperar los 6 mb que tanto necesito para poder navegar como es debido.

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