Sobre el mal de los celos y el orgullo

Me he decidido a escribir en mi blog sobre algo que me ha pasado recientemente y que no deja de llamarme poderosamente la atención. La gente a veces se comporta de un modo infantil, o quizás ni siquiera sea eso sino parte del ser humano, y por ello es capaz de perder amistades forjadas durante tiempo.

Evidentemente no es que yo me considere un ejemplo a seguir en nada, pero sí intento no caer en aquellas cosas que critico con vehemencia, pues tendría que mirarme al espejo y ver lo tonto que sería actuando de esa manera. En esta ocasión, se trata de un problema de celos y orgullo, o al menos yo lo interpreto así.

El problema viene con una amiga, extranjera ella pero de habla hispana, con la que tenía (creo que ya puedo hablar en pasado) una buena relación de amistad. Esto fue así hasta hace un par de semanas, momento el que ella fracasó en un vano intento por darme celos. ¿Qué fue lo que pasó? Sencillo: me dijo que no me preocupara si conocía a otros chicos porque solo eran citas. A mí, que me preocupaba poco o nada si quedaba con otros chicos y menos aún lo que hacía con ellos, le dije mi parecer, y ese fue el comienzo del fin de esta relación de amistad.

Aunque parezca increíble, o quizás no lo parezca, dejó de hablarme de inmediato. No dije ni una sola mala palabra, no me burlé, no fui a hacer daño ni nada parecido. Tan solo dejé claro que no me preocupaba lo más mínimo si quedaba con otros chicos o no, ése no era mi problema sino cosa suya, de su vida privada. Pensé que se lo tomaría con filosofía, algo normal, pero resultó todo lo contrario. Creo, y solo creo, que intentó ponerme celoso con ese comentario, porque estoy seguro de que ella tiene la posibilidad de quedar con muchos chicos allí en su país, pero no tiene que decirme nada al respecto porque no viene a cuento. Sin embargo me lo dijo, y creo que su único objetivo era ponerme celoso. Yo ya empiezo a tener una edad y me importa un bledo lo que los demás hagan con su vida privada siempre y cuando a mí no me afecte en lo personal. Como en este caso no había afectación alguna, le hice ver mi punto de vista. Su consiguiente enfado y silencio me ha hecho pensar que ha pecado de orgullosa, se ha equivocado con respecto a mí y ha arruinado una amistad por una pequeña tontería.

Lanzó el anzuelo, no piqué y se ha enfadado. Así es la vida. A eso se le añaden luego interpretaciones incorrectas por su parte sobre un tema que no viene al caso y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

¿Moraleja? Sed vosotros mismos, y si los demás os dejan de hablar, peor para ellos.