Amistades que desaparecen y tiempo después vuelven a dar señales de vida

Pongo amistades aunque realmente deberían ser “amistades”, y quizás ni siquiera eso, debido a la forma en la que tratan a la gente. No sé qué me pasa últimamente pero me estoy empezando a rebelar contra este tipo de situaciones, me hartan y me cabrean, me indignan, me ponen furioso.

Veamos, la situación es la siguiente. Hace más de año y medio conozco una chica extranjera pero de habla hispana con la que entablo una buena conversación. Sin embargo, la cosa empieza a torcerse al poco tiempo cuando yo digo que no tengo pareja ni intención de tenerla, que estoy bien siendo soltero y que no necesito ni quiero cambiar eso porque me encuentro muy bien. La chica ve eso como un error y le parece muy mal, intenta guiarme por el buen camino (ya se sabe que no hay un buen camino, sino muchos caminos y cada uno elige el suyo) pero ante la falta de colaboración por mi parte, se empieza a enfadar.

Sin embargo, muy amablemente me dice que ella no dejará de hablarme por pensar como pienso, y entonces ya me hago a la idea de que, efectivamente, dejará de hablarme. Y así fue, porque la gente suele ser bastante intolerante hacia las formas de ser de otras personas que no van en sintonía con su forma de ser. Eso sucedió en febrero de 2014, y no tuve noticias de ella hasta hace 3 días, cuando me saluda por Facebook, ante mi sorpresa.

Con cautela y por educación, respondo al saludo. Comenzamos a tener una breve conversación hasta que, sin comerlo ni beberlo, me suelta que está, y voy a decirlo de manera medianamente vulgar, preñada. Porque la gente así no se queda embarazada sino preñada, con un bombo, y eso que ni siquiera supe si era deseado o fruto de un accidente después de una noche de alcohol y sexo. Claramente vi que aquel saludo no tenía que ver con un deseo por retomar esa “amistad” conmigo sino, más bien, con el hecho de restregrarme una falsa felicidad como si a mí me fuera a afectar de alguna manera.

A mí me da igual si está preñada o no, de quién está preñada, si es que conoce al padre, si tiene cómo pagar los gastos del futuro bebé (bastardo o no) y todas esas cosas. Como si se cae por un barranco, me da igual. Pero tocarme los huevos para decirme “mira, soy feliz y tú no” me cabrea sobremanera. Para empezar, porque cada uno es feliz a su manera, y para seguir, porque ella no es quién para tratarme así.

Evidentemente ahí se terminó la conversación, ejercí la maravillosa y bendita opción que tiene Facebook para bloquear perfiles y espero y deseo no saber nunca más de ella.