Tirar la piedra y esconder la mano: futuro deporte olímpico

Vuelvo a ser reincidente. Entono el mea culpa por haber tropezado con la misma piedra. Pero, seamos sinceros, ¿qué puedo esperar cuando trato con otras personas? Es un mal que se extiende por nuestra sociedad de una manera preocupante, la falta de responsabilidad de las personas sobre las cosas que hacen o dicen. Empieza a parecer un disparate que alguien haga o diga algo (entiéndase malicioso) y posteriormente asuma ser culpable de lo mismo. A veces ni siquiera hace falta cometer dicha maldad, sencillamente basta con jugar al mundo del toreo.

¿En qué consiste este juego? Sencillo y poco práctico: a alguien se le enseña el capote rojo (en forma de comentario, opinión, dicho, hecho o lo que se nos ocurra) para que entre al trapo de malas maneras y luego, rápidamente, se quita el capote y se le dice que no ha pasado nada, que es mejor olvidarse del tema. Claro, el cabreo de quien ha entrado al trapo es considerable y no solo ha sido provocado sino que además se le exige, de buenas maneras, que olvide todo.

No entiendo esa afición de la gente por lanzar dardos y esperar que el otro se revuelva para luego justificar que tales dardos eran otra cosa y, claro está, sin mala intención. Porque… ¿qué sería de esta vida si el dolo no existiese? Vaya, te maté, ¡pero fue sin querer! Ah, bueno, entonces le pido disculpas y me voy en paz al otro barrio.

Si alguien tiene quejas sobre cómo soy, sobre cómo me expreso, sobre qué opino… lo que espero es que me lo diga a la cara, y a la cara no quiere decir que tengamos que estar ambos de cuerpo presente, sino que me lo diga con claridad, me da igual la forma. Me cabrea sobremanera que insinúen cosas sobre mí pero que luego no sean claro y encima me pidan que olvide el comentario como si nada hubiese pasado.

¿Cuál es la solución? Realmente solo hay una pero es poco factible: dejar de tratar con las personas. Hecho esto, ya nadie me insinuará nada sobre mi forma de ser. Pero claro, parece harto complicado que una persona pueda aislarse de tal manera, así que… volveré a reincidir hasta que la gente tenga a bien decirme las cosas claras. Y mientras tanto, el chocolate espeso, por favor.