A rey muerto, rey puesto

El refranero español es muy grande, no solo por la cantidad sino también por la calidad de los refranes que podemos usar a diario. No es que vaya a comentar el significado del que da título a esta entrada, sino que quiero aplicarlo a una cosa que me ha pasado recientemente con una amistad. Aunque quizás en este caso el rey se haya suicidado, pero lo mismo da que da lo mismo.

Creo que la facilidad que tenemos actualmente para conocer personas de cualquier parte del mundo hace que convirtamos a los amigos en meros objetos, los cuales desechamos una vez nos hemos cansado de ellos. No es mi caso, yo valoro mucho las amistades, aunque llega un punto en el que éstas no me valoran a mí y ahí poco o nada puedo hacer, salvo esperar y ser paciente. Ese hecho, esa cosificación que se hace, provoca que muchas de las amistades duren poco o nada, acaso unos meses. Raro es que tengamos una amistad que se prolongue en el tiempo, salvo aquellas que hayamos forjado en tiempos pasados, como las del colegio.

El ejemplo que quería explicar trata de una amistad femenina, situada en el continente Sudamericano, que hace pocos días decidió que yo ya no podía formar parte de su maravillosa (sarcasmo) vida. No es algo que me preocupe, no es la primera vez que me lo hacen y no será la última. No me siento culpable de ser cómo soy ni de tener una forma de ver las cosas diferente al resto, pero sí tengo claro que el mundo está lleno, abarrotado de gente con la que poder mantener sanas conversaciones. Así que no he tenido problema en echarle el ojo a otras personas de ese mismo país y entablar nuevas conversaciones que, espero, fructifiquen en buenas amistades, aunque asumo que serán temporales.

Sé que mi mentalidad al respecto puede parecer algo extraña, pero tengo claro que una cosa es lo que yo quiero y otra es lo que la otra persona quiere. Si yo quiero una amistad y la otra persona quiere algo distinto, aunque no sea específicamente conmigo ni en este mismo instante, lo más probable es que la amistad termine antes o después. Pero me gusta vivir día a día, porque mañana no sé si estaré vivo o muerto, la vida cambia mucho y en bastantes ocasiones esos giros no dependen de nosotros.