Tinder no me ofrece más perfiles

Tinder no me ofrece más perfiles. Eso me genera ciertas dudas sobre el funcionamiento de la famosa aplicación de citas. Tengo puesto en ajustes los rangos de edad más amplios, desde 18 a +55 y hasta 40 kms de alcance. Es decir, debería haber miles y miles y miles de perfiles de chicas/mujeres. Sin embargo, tras pasar unos 20, me sale lo siguiente:

Esto da una mayor sensación de inseguridad a la hora de pagar por Tinder Gold. Si a las primeras de cambio me quedo sin perfiles con los que interactuar, mal asunto. Quizás se trate de una invitación tácita para pagar y poder explorar otras regiones del mundo. El techo máximo de kms de alcance es de 160. Yo estoy en Madrid, así que ni siquiera llego a ciudades cercanas como Zaragoza o Valencia.

Es evidente que me interesa conocer chicas/mujeres de otros países. Pero no me gustaría sentirme empujado a ello. Solo en el área metropolitana de Madrid hay 6 millones de personas. Supongamos que la mitad son mujeres. De ahí, entre 18 y 99 puede haber 2 millones largos de chicas/mujeres. Muchas estarán casadas o con novio, y otras vendrán del extranjero a pasar unos días. Debería haber unas cuantas decenas de miles de perfiles solo en esta zona y con esos rangos de edad.

Me mosqueo. Sigo pensando si pagar o no. Quizás me lance, quizás no. De momento voy a seguir intentando averiguar quién le dio like a mi perfil hace ya unos días.

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El último like en Tinder quería encontrar a su media naranja

Resulta que el último like en Tinder quería encontrar a su media naranja. Y obviamente he tenido que darle a la X de “No, gracias”. Siguiendo el post anterior, donde comentaba que Tinder apesta a bots, he llegado hasta el perfil de la mujer (ya en la cuarentena) que había sentido atracción hacia mí. Evidentemente no voy a dar datos de su perfil. Y mucho menos voy a poner su foto. Sí comento su edad y su deseo de encontrar lo que ella considera la felicidad.

¿Y qué ha pasado después? Que había otro like en cola. ¡Será posible! Y no doy con la chica en cuestión, porque aparentemente tiene gafas de sol, pero nada. Y me pico y sigo buscando pero no doy con ella. Y me pico y pienso si debo pagar por usar Tinder Gold. Al final creo que terminaré por morder el anzuelo y pagaré. Pero tengo claro que dejaré mis impresiones en este antiguo blog.

Por el momento trataré de ir dando al NO a todas hasta que vea un perfil parecido a la imagen pixelada del like. El caso es que también parece estar abrazando algo, posiblemente un perro, y parece estar en una playa. Entretenido es, de eso no cabe duda.

De todas formas, aclararé una última cosa. Si termino pasándome al Gold será por la posibilidad de eliminar el límite geográfico. Tengo en mente viajar el año que viene y creo que puede ser una gran idea. Siempre y cuando no me encuentre todo bots.

Tinder apesta a bots, no conviene pagar por la versión Gold

Pues sí, Tinder apesta a bots y creo que no conviene pagar por la versión Gold. Es posible que otros usuarios de la famosa red social para ligar opinen otra cosa. Yo respeto eso, pero quiero dar a conocer mi experiencia. He aprovechado también para leer en internet lo que otras personas han vivido. Y también he podido hablar con amigos que usan o han usado Tinder. Y sinceramente, creo que algo huele mal.

Yo me di de alta en Tinder en noviembre de 2016. Entonces adquirí mi actual teléfono, un iPhone 7, con capacidad suficiente para todo tipo de aplicaciones. Decidí usar una famosa aplicación de citas para conocer chicas de Madrid y alrededores. Puse mis fotos, las mejores que pude (no soy Brad Pitt), y escribí una descripción sencilla pero clara.

Durante todo este tiempo, hasta hace mes y medio, solo coincidí con 2 chicas (likes recíprocos, por así decirlo). Una no llegó a escribir nada, y la otra me dio miedo desde el principio. Decía en su descripción que no quería “chicos con mochilas emocionales”. Me habría gustado saber el tamaño de la suya, pero fue una coincidencia breve. Hablamos un poco sobre Tinder, la dificultad de establecer conexiones. Y me vino a decir algo así como que mi perfil era muy flojo. Hoy le encuentro un sentido a aquella extraña conversación.

¿Qué cambió hace mes y medio? No estoy muy seguro, la verdad. Quizás fue el hecho de percibir un detalle del que no me había dado cuenta hasta ese momento. De repente pensé que la imagen de los likes, me gusta o como sea, es una imagen muy pixelada del perfil de la persona que ha dado al corazón verde. Y probé a ver si era capaz de encontrar dichos perfiles a ojo.

Y fui capaz, jajaja. Vaya que si fui capaz. Acertaba sin problemas. Ahí llegó la primera conexión y los primeros mensajes. Una chica que solo mostraba su espalda. Todo muy cordial y educado al principio. Luego, la chica desapareció. No creo que yo dijera nada inapropiado, pero lo acepté y seguí probando suerte.

¡Bingo! Segunda conexión en poco tiempo. Una chica de 37 años de Madrid. Todo muy bien, mucho jajaja, mucho jijiji y todo fluyendo. Sin que yo dijera nada inapropiado, desapareció. Eso ya empezaba a mosquear. Al poco, una nueva conexión, esta vez una chica de 40 años de Madrid, doctora especializada en oncología. Igual que la anterior, todo muy bien. Mucho jajaja, mucho jijiji y todo fluyendo. De repente, deja de escribir. Claro, cuando son varios casos todos similares, uno se da cuenta de que las casualidades NO existen.

Seguí probando y de repente veo que una chica a la que di yo like, acepta. De Madrid, 44 años y con una bonita foto en su perfil. Saludo educadamente y me responde educadamente pero me dice que es muy bajita, que mide 1.65. Bueno, no veo yo el problema. En mi perfil tengo puesto que mido 1.90, tengo las piernas largas pero no es relevante. Cortésmente le digo que la diferencia de altura no es problema, que es mejor una buena conversación. Deja de escribir y a los dos días deshace el match.

Pues qué queréis que os diga, pero apesta a MIERDA de la gorda. El análisis lo hago no solo por esto y por mi no creencia en las casualidades. Resulta que hace 2 años estuve dado de alta en el servicio de pago de Meetic durante un mes. Yo usaba el servicio gratuito pero por mi cumpleaños me ofrecieron un mes con todos los servicios. Acepté y me puse a probar. Contacté con algunas chicas/mujeres. Y había algo raro. El comportamiento era, a grosso modo, muy parecido al de las chicas/mujeres de Tinder. La única gran diferencia es que las de Meetic parecían alanfabetas.

A mí me gusta escribir bien y me gusta que me escriban bien. Puedo aceptar alguna falta de ortografía. Pero una cosa es eso y otra que una chica supuestamente española escriba como si hubiese nacido en la zona más profunda de África y hubiese llegado a España hace 2 meses. Eso sí, como decía, al poco de haber empezado a escribir, desaparecían. Curioso, sin duda. ¿Casualidad? Me temo que no.

¿Son bots? Yo tengo pocas dudas, creo que lo son. ¿Qué gana Tinder usando bots? Que la gente pague por la versión Gold. Actualmente, un mes cuesta 32.99 euros. Cuantos más meses, menos cuesta la mensualidad pero más pagamos en conjunto. La versión Gold nos permite, entre otras cosas, saber quién da LIKE en nuestro perfil. No hay que dejarse la vista para intuir quién puede ser esa persona. Nos permite aparecer primeros en las búsquedas, podremos conocer gente de todo el mundo, etc. Ahora bien, ¿cuántos perfiles reales hay?

Ya para terminar, comentaré un caso verdaderamente llamativo. Había una página, parece ser que ya no existe, que se llamaba Model Meet. Ya os podéis hacer a la idea qué iba. Tú, simple y vulgar mortal, ibas a conocer “modelos” buenorras que se morían por conocer gente con “corazón” que las apreciara más allá de su “físico”. Como reclamo no está mal, ¿verdad? Pero seamos sinceros, eso solo sucede en sueños. Yo me di de alta, sentía curiosidad. ¿Y qué sucedió? A los pocos días tenía unos 30 mensajes de diferentes “modelos” buenorras que se morían por conocerme. A ver, no soy Quasimodo pero tampoco soy Brad Pitt.

Las modelos se juntan con gente bien: futbolistas famosos, actores famosos, deportistas famosos, etc. Yo no tengo ninguna de esas cualidades. Soy una persona normal y corriente. Así que me puse a averiguar. El dueño del sitio aseguraba que eran modelos reales. Los que habían pagado aseguraban que era una estafa, que las chicas no existían. Siempre tenían tendencia a desaparecer, incluso algunas en el último momento: antes de la primera cita.

Yo no tengo problema en pagar por algo. Pago por mi teléfono, mi coche, mi internet. Pero si pago por algo, quiero que ese algo sea bueno, con una calidad que se corresponda a lo que he pagado. Si pago 730 euros por un iPhone 7, quiero un iPhone 7, no un Nokia 3310. Si pago 120 euros al mes por fibra óptica, televisión y telefonía móvil, no quiero ADSL, 3 canales de tv y llamadas limitadas. Luego, si pago 33 euros por conocer gente en Tinder, quiero conocer gente real, no perfiles falsos o bots.

“No ha sido posible crear el directorio” en Wordpress (opción rara)

Ayer por la tarde me encontré con un problema que para algunas personas debe de ser habitual pero para mí fue de lo más extraño. Resulta que en uno de mis sitios de WordPress no podía actualizar plugins ni la propia versión de la aplicación para crear páginas web. Así que acudía  Google en busca de respuestas y vi que todo giraba en torno a los permisos en el servidor. Pero claro, si yo no había cambiado los permisos con respecto a mis anteriores visitas y estaba claro que nadie lo había hecho en mi lugar, ¿qué podía ser?

Comprobé que los permisos de escritura y lectura de las carpetas afectadas estaban correctamente (775 es la mejor opción) y de nuevo intenté actualizar. Nada, imposible. Hice más pruebas, pasé los permisos a 777 (poco aconsejable) pero el error persistía. Así que acudí a otro de mis sitios creados con WordPress e hice la misma prueba, actualizar un plugin. Para mí sorpresa, esta vez la actualización sí funcionó. ¿Por qué?

Regresé al primer sitio e intenté actualizar. Funcionó. ¿Qué misterio era ése? Pues yo no pude sacar más conclusión que la siguiente: el FTP de 1&1 estaba fallando en ese mismo instante en el que intenté la primera actualización, por las razones que fueran, bien una caída temporal de los servidores, bien un fallo temporal de mi usuario de FTP.

A veces, cuando estas cosas pasan, debemos darnos cuenta de que el fallo puede estar en el lado del cliente pero también en el lado del servidor. Si no hemos cambiado nada y hay fallos, quizás sean “los otros” los que están dando error.

Tercera historia de Livemocha: exotismo de Bangladesh

Nunca habría pensado que alguien de un país tan remoto como Bangladesh querría aprender el idioma de Cervantes y se pusiera en contacto para que le ayudara en la tarea. Doctora titulada y trabajadora, ella estaba interesada en aprender español porque tenía intención de trabajar y vivir en EEUU, especialmente en Nueva York, ciudad plagada de hispanohablantes. Sin embargo, en año y medio apenas tuvimos unas pocas palabras en español, todo era inglés y yo, a título personal, lo agradecí mucho porque me daba la posibilidad de rodarme algo más con el idioma.

Digamos que forjamos una amistad profunda en muchos aspectos pero demasiado antagónica en otros. Creo que una persona con más de 30 años, licenciada en medicina, conocedora de 4 idiomas y aprendiendo un quinto, no puede pensar siquiera un solo segundo en el amor como un hecho ideal, en la pareja como una meta lógica, en la vida familiar armoniosa y en todas esas cosas que parecen más típicas de una película de Walt Disney. Y eso, siento decirlo, me cabrea. Cada uno tiene sus posturas, sus opiniones, sus puntos de vista, pero ha de saber defenderlos con razonamientos lógicos, y cuando no es así, cuando uno se enroca en A pero sin argumentos, yo me cabreo.

Que mi sobrina de 5 años hable de amor verdadero tiene un pase, le gusta Frozen, le gusta Rapunzel y le gusta Bella (la de la bestia), pero tiene 5 años, ¿qué otra cosa va a pensar? Con 30 años la mente tiene que estar mucho más abierta, no puede ser que alguien piense de manera infantil. Eso explica, en gran manera, y desde mi humilde punto de vista, el alto grado de fracaso en relaciones de pareja y matrimonios que vivimos actualmente.

En temas de religión también chocábamos, aunque menos. Ella musulmana no estricta, yo católico no estricto. A ella le escocía el tema de la raza, no sé si era complejo o si realmente había tenido alguna mala experiencia en la vida, pero más de una vez me echó en cara que yo pertenecía al “poder blanco” y que yo me creía superior por el simple hecho de tener la piel blanca. Pues en eso me pasaba igual que con lo del amor, las cosas hay que razonarlas y si no me cabreo. Yo, que tengo amig@s de todos los colores, me importa un bledo si la gente es blanca, negra, amarilla o marrón, y que llegue alguien a decirme que me creo superior por ser blanco me parece ofensivo. Del mismo modo que me cabreo cuando esa persona me dice que me creo superior por vivir en el primer mundo, como si fuese culpa mía haber nacido en la Europa “desarrollada”.

Todos esos roces provocaban que dejáramos de hablarnos durante días, y eso pasó en varias ocasiones. Yo tengo mi personalidad, mi carácter y mi genio, no me pliego ante nadie ni ante nada, soy de esos que prefiere morir de pie que vivir de rodillas, defiendo mis ideas hasta las últimas consecuencias y a quien no le guste, ya sabe dónde tiene la puerta de salida.

Sin embargo, por una razón o por otra terminábamos retomando el contacto, y tanto la apreciaba que llegamos a hacer videoconferencias. Sí, yo, que durante 7 años tuve ordenador portátil y nunca usé, porque no quise, la webcam.

¿Qué fue lo que dinamitó del todo esta amistad? Los celos. A mí me cuesta entenderlo, no soy capaz de asimilar cómo una amiga puede sentir celos de un amigo que es soltero y tiene amigos y amigas. No soy un ligón, no soy un playboy, no soy un… y precisamente el hecho de no tener pareja me da la posibilidad de hacer lo que yo quiera cuando yo quiera, ¿qué problema hay con eso? Cualquier cosa que yo dijera terminaba derivando en un comentario sobre mis amigas. Si yo le decía algo bonito no le gustaba porque también se lo decía a mis amigas. Si yo tardaba 5 segundos en responder por whatsapp es que estaba hablando con mis amigas. Eso era insostenible.

Así que finalmente dejamos de hablarnos y, la verdad, espero no volver a saber nada de ella por mucho aprecio que la tuviera.

Segunda historia de Livemocha: desde Rusia con amor

La segunda historia de Livemocha que voy a contar tiene que ver con una chica de Rusia, concretamente de Crimea. Tampoco es que yo tuviera muy claro si realmente ella era ucraniana o rusa, por ese conflicto geopolítico que ha tenido lugar en la zona durante los últimos años, pero no me pareció relevante. Al final ella demostró tener cierto (escaso) interés por aprender español y a mí me vino bien para practicar mi inglés, que fue el idioma que usamos casi todo el tiempo.

Desde el principio tuve la sensación de que esa amistad iba a ser efímera, y es que ella andaba obsesionada con tener un novio. Madre ya soltera antes de llegar a los 30, me contaba con frecuencia sus devenires con el padre de la niña, de tan solo 3 años de edad. Móviles rotos, gritos, discusiones… y eso ya separados. No quiero imaginar cómo era antes. A pesar de tan desafortunada experiencia, bastante cotidiana hoy en día, ella nunca perdió la (absurda) esperanza de encontrar un hombre bueno, que la tratara bien y solo la quisiera a ella. Sí, un hombre que solo quisiera a una mujer. Y no, que no viviera en Marte.

Me hablaba de sus amigos latinoamericanos y me decía cosas malas de ellos: machistas, engreídos, mentirosos… Yo le preguntaba: ¿qué es lo que quieres? Y ella me decía que no sabía. Aunque en realidad yo creo que lo tenía muy claro: quería un novio. Como esos chicos no encajaban con su estricto concepto de pareja, creo que terminó desistiendo y, durante un tiempo, quizás solo unos días o tal vez unas horas, abandonó la idea de tener pareja.

Crimea no es un lugar muy populoso, y el pueblo donde ella vivía apenas tendría 5.000 habitantes, siendo generosos. ¿Eso qué quiere decir? Que las opciones reales que tenía de encontrar un novio en ese sitio eran escasas o nulas. De ahí quizás su intención de aprender español, para tener un “mercado” más amplio al que acceder.

Yo le decía que eso que quería era un tanto absurdo, y me hacía a la idea de que cualquier día dejaría de hablarme porque habría encontrado el “amor”. Pasaron las semanas y hablábamos con regularidad, pero había días en los que me hablaba de su “depresión” por no tener pareja. Virgen santa, que alguien pueda sentirse mal por no tener pareja con lo mal que está el mundo es sencillamente vergonzoso. Pero hay gente que es así, no merece la pena darle más vueltas.

A finales de año (2016) llegó el momento que tanto había pronosticado. Iba a decir “temido” pero eso sería mentir, no se puede temer algo así. Me dijo sencillamente que la semana siguiente no podría escribirme, y yo pensé que estando en una zona tan conflictiva de Rusia, pues sería algún problema de cortes de señal, de luz o qué sé yo. A veces intento pensar bien de la gente. Mal por mí. Volvió a la vida una semana después y me contó, con toda la alegría del mundo, que había estado con un chico español en Kiev durante esa semana. A mí eso me daba un poco igual, como si el chico español se hubiese muerto en un accidente aéreo, mi vida habría seguido siendo la misma, pero que me hubiese dejado de escribir por esa razón me sentó muy mal.

Ella, no esperaba yo otra cosa, no lo terminó de entender. Y se lo expliqué de un modo sencillo. ¿Me has dejado de escribir por una causa de fuerza mayor? No. ¿Me has desplazado como amigo por un encuentro con un chico? Sí. ¿Crees que me puedo sentir bien si una amiga me trata así? Pues ver para creer, pero le costó decir que no. Y traté de que lo comprendiera del todo haciéndole sentir, harto complicado tratándose de “amor”, un poco de empatía. Es decir, ¿qué le habría parecido a ella si yo le hubiese hecho eso mismo? Anda, pues me dijo que mal, jajaja. Así de patética es la gente. Me pidió perdón, yo se lo negué, y me insinuó que yo tenía que perdonarla porque eso hacen los amigos.

Claro, eso me hizo efervescer la sangre. Los amigos no hacen lo que hizo ella, y si lo hacen es porque esa amistad vale cero, pero luego esa misma gente tiene la desfachatez de decir que los amigos perdonan. ¿Cómo te voy a perdonar si has dejado nuestra amistad pisoteada y hundida? Ella insistió y me preguntó que cuándo le iba a perdonar. Peor aún, ¡daba por hecho que la iba a perdonar!

Así que corrí un tupido velo, pasé página y no he vuelto a saber de ella, gracias a Dios.

Primera historia de Livemocha: samba brasileña

No recuerdo si fue la primera persona que conocí en Livemocha o no, la memoria no me da para tanto y no me parece un dato significativo. Es la primera historia porque, de las tres de las que voy a hablar, ha sido la primera en terminar. Tampoco quiero dar nombres porque no viene al caso y quizás pueda herir sensibilidades, así que ella será, de ahora en adelante, simplemente ella.

La verdad es que su caso era de los sencillos en cuanto al aprendizaje del español se refiere. No solo por el hecho de la similitud entre el portugués y nuestro idioma, sino porque su nivel era realmente alto. Quizás su mayor problema era de práctica, y eso siempre tiene fácil solución cuando uno dispone de algo de tiempo libre. En su caso, los traslados desde su casa a las afueras de Sao Paulo hasta su lugar de trabajo le proporcionaban dicho tiempo.

Fuimos fraguando poco a poco una buena y, en mi opinión, alegre amistad. Fluida, sobre todo, y natural. Primero unos mensajes en Livemocha, luego unos textos en Whatsapp y más tarde conversaciones de voz. Conocí a finales de 2015, poco después de ingresar en Livemocha, que ella tenía planes de pasar sus vacaciones de 2016 en España. Agosto era el mes elegido; Madrid, Barcelona y Valencia las ciudades a visitar.

Yo estaba encantado, verla en Madrid en pleno mes de agosto era una idea excitante, enseñarle mi ciudad a una persona extranjera siempre es agradable, hablarle de los monumentos, los parques y los museos que abarrotan la capital de España. Así, a principios de 2016 ella compró los billetes de avión para su viaje, y yo quedé a la espera de que desarrollara sus planes para poder verla, aunque solo fuese un día (no soy quién para abusar de la confianza de los demás).

Sin embargo, a partir de marzo algo cambió. Y como no soy creyente de las casualidades, estimé y sigo estimando que lo que pasó fue que su ex novio había vuelto a Brasil después de pasar un tiempo trabajando en Europa. Digamos que nuestra amistad se enfrió, ya no escribía con tanta frecuencia, era más escueta, más fría, menos… ella. Yo se lo comenté con franqueza, no es algo que a una persona normal le agrade, no creo que a nadie le guste sentirse desplazado, pero ella me dijo que ese no era el motivo sino que, de repente, tenía más trabajo del habitual. Ese hecho, su distanciamiento, no cambió con el paso de los días, y su ex novio ya se había asentado de nuevo en Brasil. Insisto, no fue casualidad.

Llegó mayo, ella ya sabía que su viaje empezaría el 3 de agosto, y yo empezaba a impacientarme un poco porque no sabía qué día podríamos vernos. Ya había definido cuándo estaría en cada ciudad y yo tan solo esperaba que me confirmara un día para poder vernos. Pero tal confirmación no llegaba. Y para más inri, empezó a contarme que había retomado el contacto con un amigo madrileño que tenía una novia brasileña y que jugaba en un equipo de fútbol regional.

Yo seguía esperando, pero mi paciencia se agotaba, y más aún cuando ella me dijo que un día iría con ese “nuevo” amigo a hacer puenting a la sierra de Madrid. Es ahí cuando empecé a sentir ese rechazo, que se incrementó cuando al poco me dijo que, además de esa excursión, también iría al teatro con el susodicho amigo. ¿Y para mí habría algún día? Ya estábamos en junio, faltaban menos de dos meses para que llegara y seguía sin fecha.

Ese mismo mes, entusiasmada, me dijo: “¿a que no sabes quién irá a verme a Barcelona durante 5 días y coincidiendo con mi cumpleaños?”. Ante semejante emoción, pensé que Barack Obama y el mismísimo Papa serían los elegidos, afortunados ellos, pero no. Mi enfado comenzó a hacerse palpable cuando me dijo que su ex novio era el afortunado. Para empezar, porque parecía que todo el mundo tenía prioridad para estar con ella y yo era, como le dije en su día, el último mono. Y para seguir, porque me pareció tan raro, extraño, incomprensible y una larga lista de sinónimos relacionados con la rareza, que le hiciese tanta ilusión que su ex novio fuese a verla, que no pude evitar comentarle si le parecía normal esa situación. Pensó, cosa que no entiendo, que yo me contagiaría de esa ilusión, como si a mí su ex novio me importase una mierda, y como si yo considerase normal tener una buena y sana relación con una ex pareja.

No sé, yo miro a mi alrededor y veo que la gente normal tiene una mala relación con su ex pareja o directamente no tiene relación alguna. ¿Pero llevarse tan bien y pasar X días juntos en una ciudad de otro país, pasando unas vacaciones? Eso, claramente, es enfermizo. Y en cierto modo, se lo hice saber. Quedó desiluisonada, pero está claro que no fue ese el motivo por el que siguió sin darme fecha porque hasta entonces no me la había dado y su ex novio no había saltado a la palestra.

¿Qué pasó después? Entramos en julio. Sí, queridos lectores, faltaba un mes para que viniera y seguía sin darme fecha. Pero sucedió algo que me tocó la moral definitivamente. El 4 de julio, el día de la independencia de los EEUU, fue mi cumpleaños. ¿Saben ustedes quién tuvo la desfachatez de no felicitarme? Sí, ella. Al día siguiente, ya cansado del tema, le canté las cuarenta. Sobre mi cumpleaños dijo que no se había acordado, pero las personas normales saben que, hoy en día, existen mil formas de recordar esas fechas tan señaladas. Por ejemplo, y para no ir muy lejos, Facebook envía una notificación y un email con los cumpleaños del día entre nuestras amistades. Es evidente y obvio que ella vio en su teléfono ambas cosas, pero no le dio la gana de felicitarme porque no le había felicitado por su futuro encuentro con su ex y porque yo aún insistía en quedar un día durante su estancia en Madrid.

Añadiré en este punto, poco antes ya de concluir, que le ofrecí alojamiento por si lo necesitaba, que en mi casa tendría una cama y una habitación para ella sola si lo consideraba oportuno (eso fue allá por febrero de 2016), y ella me lo agradeció… ya han visto ustedes cómo.

Avanzó julio y ya ni siquiera me escribía, así que opté por ser sensato y dejarla en el lugar que le correspondía. La bloqueé en Instagram, Facebook y Whatsapp y me quedé más ancho que largo.