Tinder no me ofrece más perfiles

Tinder no me ofrece más perfiles. Eso me genera ciertas dudas sobre el funcionamiento de la famosa aplicación de citas. Tengo puesto en ajustes los rangos de edad más amplios, desde 18 a +55 y hasta 40 kms de alcance. Es decir, debería haber miles y miles y miles de perfiles de chicas/mujeres. Sin embargo, tras pasar unos 20, me sale lo siguiente:

Esto da una mayor sensación de inseguridad a la hora de pagar por Tinder Gold. Si a las primeras de cambio me quedo sin perfiles con los que interactuar, mal asunto. Quizás se trate de una invitación tácita para pagar y poder explorar otras regiones del mundo. El techo máximo de kms de alcance es de 160. Yo estoy en Madrid, así que ni siquiera llego a ciudades cercanas como Zaragoza o Valencia.

Es evidente que me interesa conocer chicas/mujeres de otros países. Pero no me gustaría sentirme empujado a ello. Solo en el área metropolitana de Madrid hay 6 millones de personas. Supongamos que la mitad son mujeres. De ahí, entre 18 y 99 puede haber 2 millones largos de chicas/mujeres. Muchas estarán casadas o con novio, y otras vendrán del extranjero a pasar unos días. Debería haber unas cuantas decenas de miles de perfiles solo en esta zona y con esos rangos de edad.

Me mosqueo. Sigo pensando si pagar o no. Quizás me lance, quizás no. De momento voy a seguir intentando averiguar quién le dio like a mi perfil hace ya unos días.

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El último like en Tinder quería encontrar a su media naranja

Resulta que el último like en Tinder quería encontrar a su media naranja. Y obviamente he tenido que darle a la X de “No, gracias”. Siguiendo el post anterior, donde comentaba que Tinder apesta a bots, he llegado hasta el perfil de la mujer (ya en la cuarentena) que había sentido atracción hacia mí. Evidentemente no voy a dar datos de su perfil. Y mucho menos voy a poner su foto. Sí comento su edad y su deseo de encontrar lo que ella considera la felicidad.

¿Y qué ha pasado después? Que había otro like en cola. ¡Será posible! Y no doy con la chica en cuestión, porque aparentemente tiene gafas de sol, pero nada. Y me pico y sigo buscando pero no doy con ella. Y me pico y pienso si debo pagar por usar Tinder Gold. Al final creo que terminaré por morder el anzuelo y pagaré. Pero tengo claro que dejaré mis impresiones en este antiguo blog.

Por el momento trataré de ir dando al NO a todas hasta que vea un perfil parecido a la imagen pixelada del like. El caso es que también parece estar abrazando algo, posiblemente un perro, y parece estar en una playa. Entretenido es, de eso no cabe duda.

De todas formas, aclararé una última cosa. Si termino pasándome al Gold será por la posibilidad de eliminar el límite geográfico. Tengo en mente viajar el año que viene y creo que puede ser una gran idea. Siempre y cuando no me encuentre todo bots.

Tinder apesta a bots, no conviene pagar por la versión Gold

Pues sí, Tinder apesta a bots y creo que no conviene pagar por la versión Gold. Es posible que otros usuarios de la famosa red social para ligar opinen otra cosa. Yo respeto eso, pero quiero dar a conocer mi experiencia. He aprovechado también para leer en internet lo que otras personas han vivido. Y también he podido hablar con amigos que usan o han usado Tinder. Y sinceramente, creo que algo huele mal.

Yo me di de alta en Tinder en noviembre de 2016. Entonces adquirí mi actual teléfono, un iPhone 7, con capacidad suficiente para todo tipo de aplicaciones. Decidí usar una famosa aplicación de citas para conocer chicas de Madrid y alrededores. Puse mis fotos, las mejores que pude (no soy Brad Pitt), y escribí una descripción sencilla pero clara.

Durante todo este tiempo, hasta hace mes y medio, solo coincidí con 2 chicas (likes recíprocos, por así decirlo). Una no llegó a escribir nada, y la otra me dio miedo desde el principio. Decía en su descripción que no quería “chicos con mochilas emocionales”. Me habría gustado saber el tamaño de la suya, pero fue una coincidencia breve. Hablamos un poco sobre Tinder, la dificultad de establecer conexiones. Y me vino a decir algo así como que mi perfil era muy flojo. Hoy le encuentro un sentido a aquella extraña conversación.

¿Qué cambió hace mes y medio? No estoy muy seguro, la verdad. Quizás fue el hecho de percibir un detalle del que no me había dado cuenta hasta ese momento. De repente pensé que la imagen de los likes, me gusta o como sea, es una imagen muy pixelada del perfil de la persona que ha dado al corazón verde. Y probé a ver si era capaz de encontrar dichos perfiles a ojo.

Y fui capaz, jajaja. Vaya que si fui capaz. Acertaba sin problemas. Ahí llegó la primera conexión y los primeros mensajes. Una chica que solo mostraba su espalda. Todo muy cordial y educado al principio. Luego, la chica desapareció. No creo que yo dijera nada inapropiado, pero lo acepté y seguí probando suerte.

¡Bingo! Segunda conexión en poco tiempo. Una chica de 37 años de Madrid. Todo muy bien, mucho jajaja, mucho jijiji y todo fluyendo. Sin que yo dijera nada inapropiado, desapareció. Eso ya empezaba a mosquear. Al poco, una nueva conexión, esta vez una chica de 40 años de Madrid, doctora especializada en oncología. Igual que la anterior, todo muy bien. Mucho jajaja, mucho jijiji y todo fluyendo. De repente, deja de escribir. Claro, cuando son varios casos todos similares, uno se da cuenta de que las casualidades NO existen.

Seguí probando y de repente veo que una chica a la que di yo like, acepta. De Madrid, 44 años y con una bonita foto en su perfil. Saludo educadamente y me responde educadamente pero me dice que es muy bajita, que mide 1.65. Bueno, no veo yo el problema. En mi perfil tengo puesto que mido 1.90, tengo las piernas largas pero no es relevante. Cortésmente le digo que la diferencia de altura no es problema, que es mejor una buena conversación. Deja de escribir y a los dos días deshace el match.

Pues qué queréis que os diga, pero apesta a MIERDA de la gorda. El análisis lo hago no solo por esto y por mi no creencia en las casualidades. Resulta que hace 2 años estuve dado de alta en el servicio de pago de Meetic durante un mes. Yo usaba el servicio gratuito pero por mi cumpleaños me ofrecieron un mes con todos los servicios. Acepté y me puse a probar. Contacté con algunas chicas/mujeres. Y había algo raro. El comportamiento era, a grosso modo, muy parecido al de las chicas/mujeres de Tinder. La única gran diferencia es que las de Meetic parecían alanfabetas.

A mí me gusta escribir bien y me gusta que me escriban bien. Puedo aceptar alguna falta de ortografía. Pero una cosa es eso y otra que una chica supuestamente española escriba como si hubiese nacido en la zona más profunda de África y hubiese llegado a España hace 2 meses. Eso sí, como decía, al poco de haber empezado a escribir, desaparecían. Curioso, sin duda. ¿Casualidad? Me temo que no.

¿Son bots? Yo tengo pocas dudas, creo que lo son. ¿Qué gana Tinder usando bots? Que la gente pague por la versión Gold. Actualmente, un mes cuesta 32.99 euros. Cuantos más meses, menos cuesta la mensualidad pero más pagamos en conjunto. La versión Gold nos permite, entre otras cosas, saber quién da LIKE en nuestro perfil. No hay que dejarse la vista para intuir quién puede ser esa persona. Nos permite aparecer primeros en las búsquedas, podremos conocer gente de todo el mundo, etc. Ahora bien, ¿cuántos perfiles reales hay?

Ya para terminar, comentaré un caso verdaderamente llamativo. Había una página, parece ser que ya no existe, que se llamaba Model Meet. Ya os podéis hacer a la idea qué iba. Tú, simple y vulgar mortal, ibas a conocer “modelos” buenorras que se morían por conocer gente con “corazón” que las apreciara más allá de su “físico”. Como reclamo no está mal, ¿verdad? Pero seamos sinceros, eso solo sucede en sueños. Yo me di de alta, sentía curiosidad. ¿Y qué sucedió? A los pocos días tenía unos 30 mensajes de diferentes “modelos” buenorras que se morían por conocerme. A ver, no soy Quasimodo pero tampoco soy Brad Pitt.

Las modelos se juntan con gente bien: futbolistas famosos, actores famosos, deportistas famosos, etc. Yo no tengo ninguna de esas cualidades. Soy una persona normal y corriente. Así que me puse a averiguar. El dueño del sitio aseguraba que eran modelos reales. Los que habían pagado aseguraban que era una estafa, que las chicas no existían. Siempre tenían tendencia a desaparecer, incluso algunas en el último momento: antes de la primera cita.

Yo no tengo problema en pagar por algo. Pago por mi teléfono, mi coche, mi internet. Pero si pago por algo, quiero que ese algo sea bueno, con una calidad que se corresponda a lo que he pagado. Si pago 730 euros por un iPhone 7, quiero un iPhone 7, no un Nokia 3310. Si pago 120 euros al mes por fibra óptica, televisión y telefonía móvil, no quiero ADSL, 3 canales de tv y llamadas limitadas. Luego, si pago 33 euros por conocer gente en Tinder, quiero conocer gente real, no perfiles falsos o bots.

HelloTalk: Viviana, corta de altura y de vistas

Segunda entrada del día y segunda entrada referente a HelloTalk. Pensé que ya había hablado de este caso pero he visto que no, y merece la pena rescatarlo aunque sea un año después. Para los que hayan leído la entrada anterior, esta aplicación para teléfonos móviles permite conocer gente de todo el mundo para practicar y mejorar idiomas, pero también sirve para hacer nuevas amistades.

En este caso, se trata de Viviana, una chica colombiana de pequeña estatura y, por lo visto, también pequeña de mente. Lo más curioso de este tipo de amistades, porque teníamos una verdadera amistad, es que uno siente que tiene buena química con esa persona y que, al final, por una falta grave de control sentimental, todo se echa a perder. En algunos casos, es un problema de deficiencia mental y de no saber tratar a la gente de manera adecuada (caso de Gabriela), pero en otros es un tema puramente sentimental.

Vayamos al caso que nos atañe. Tras varios meses hablando con esta chica, tanto por la aplicación como por Whatsapp, estando unidos en Facebook y en Instagram, teniendo conversaciones de voz prácticamente a diario (desde su casa y desde su trabajo), un buen día todo empezó a cambiar. Sin comerlo ni beberlo, en septiembre de 2016 empezó a no escribir, y mucho menos hablamos de llamadas. Yo pensé que era extraño, y que quizás le había pasado algo porque vivía en Bogotá y quizás alguien le había robado su preciado iPhone 6 (ya me contó algún caso de algún conocido que había sufrido un percance de ese tipo).

Pasaron como dos semanas y obtuve de nuevo respuestas. Pero no me gustaron. Había decidido que tenía que alejarse de mí porque sus sentimientos bla bla bla, y no quería enamorarse ble ble ble. Ya sabéis, las típicas gilipolleces de alguien que se deja llevar por sus sentimientos y empieza a confundir cosas. A partir de ahí, todo fue de culo y cuesta abajo. Un día descubrí que ya no me seguía en Instagram (la excusa fue más propia de un niño de 4 años que acaba de pintar las paredes de casa con pintalabios), luego siguió agrandando los tiempos de respuesta y finalmente ni escribía.

Yo opté por terminar una amistad que, de verdad, prometía muchas cosas bonitas. Incluso habíamos hablado de la posibilidad de hacer juntos un viaje por Europa, ya que ella estaba ahorrando para venir aquí, pero el amor… jajaja. Hay que ser imbécil para creer en esas cosas, y más a determinadas edades.

Finalmente la bloqueé en Instagram, Facebook y Whatsapp y dejé de lado a alguien con quien me había llevado súper bien pero que había confundido velocidad con tocino. Ojalá Dios vuelva a repartir cerebros, hacen mucha falta.

HelloTalk: Miriam, una persona mononeuronal

La vida te da sorpresas, dice la canción. Y vaya que si es así, no para. De un día para otro, una situación aparentemente agradable y apacible se torna en repulsiva y penosa. Lo peor del tema es que no es la primera vez que me pasa y deduzco que no será la última.

Resulta que hay una aplicación para teléfonos móviles que se llama HelloTalk cuya finalidad primordial es permitir a la gente practicar y mejorar el uso de sus idiomas, ya sean los nativos, ya sean los que están aprendiendo. Pero como todos sabemos, al final se trata de una aplicación en la que es posible hablar e interactuar con otras personas de cualquier parte del mundo. ¿Eso qué implica? Que se pueden forjar amistades. ¿Es fácil? Depende de la capacidad neuronal de cada uno.

Vaya por delante que HelloTalk es un campo de nabos, como tantos otros sitios de internet. Y por campo de nabos entiendo que se trata de un lugar lleno de hombres cuyo nivel de testosterona les impide pensar en otra cosa que no sea meterla en caliente (perdón por lo vulgar de la expresión). Así que, de entrada, resulta difícil encontrar otra cosa que no sea un hombre salido que, con el pretexto de mejorar un idioma, anda buscando cosas más “jugosas”.

Sin embargo, es posible encontrar gente agradable. Y como es normal, un chico busca chicas y una chica busca chicos, aunque las chicas suelen ser más abiertas para esas cosas. El caso es que, después de la discusión con el anarquista estadounidense, conocí a una chica del sur de España (tampoco quiero dar excesivos datos) más joven que yo y que le gustó lo que yo había respondido al susodicho anarquista. Empezamos a hablar a través de la aplicación y todo era agradable, ameno, gracioso, entretenido… había armonía entre ambos, y eso es de agradecer.

Esto fue hace bien poco, está claro. Hoy es jueves, ¿verdad? El pasado martes tuvimos una conversación que se alargó hasta las 3:30 de la madrugada, y es que hasta tal punto llegaba esa armonía de la que hablaba antes. De hecho, me dio su número de teléfono para poder seguir hablando por Whatsapp, pero algo había sucedido que me puso en alerta.

Vayamos por partes. Una chica de 23 años que dice tener novio pero que no es feliz con él y que cuando están juntos no hacen cosas de novios, mal asunto. Una chica que dice que se siente feliz cuando habla conmigo, muy mal asunto. Una chica que me dice que quiere tener una pareja que le haga feliz cuando ya tiene novio, fatal asunto. Una chica que quiere saber si yo quiero tener pareja o no, y que a pesar de que yo le digo que no, me insiste en que (yo) debería tenerla (pareja), espantoso asunto.

El caso es que durante la conversación del pasado martes, ella me volvió a insinuar que yo debería tener pareja (obviamente ella sería la agraciada, o no tanto, jajaja). Y yo volví a insistir en que no, gracias, que soltero vivo mucho mejor porque tengo menos problemas que la gente que tiene pareja. Todo quedó bien, o eso creía yo, iluso. Porque el miércoles, es decir, ayer, es decir, al día siguiente de haber tenido una larga y agradable conversación, todo cambió en apenas 1 minuto. Un jodido y miserable minuto. Cuento y luego opino.

Le escribo por Whatsapp, me responde y vuelve a salir con el tema de la pareja, que si he cambiado de opinión. Claro, yo alucino, porque si el martes le he dicho mi opinión, ¿por qué demonios iba a ser diferente al día siguiente? Le digo que no, viva la soltería, y me suelta en una nota de voz algo así como que ella no quiere perder su tiempo (alucino pepinillos) y que si ella quiere tener pareja (que ya tiene) y yo no, pues mejor no seguir adelante. Y eso de que yo no quiero tener la pareja lo tenía meridianamente claro desde antes. Entonces, ¿qué pasó? ¿Qué no quedó claro? ¿Me expresé mal? ¿Es posible que “no quier tener pareja” signifique algo diferente en otras partes de España? Repito, 45 segundos de nota de voz para cargarse las horas y horas y horas de conversaciones de días anteriores. La gente es muy miserable.

¿Mi opinión? Cree el ladrón que todos son de su condición. Claro, una chica que tiene novio desde hace un tiempo y confiesa abiertamente que no es feliz y que no hacen cosas de novios cuando están juntos, poco le importa traicionar las cosas que cree o que quiere y piensa que lo demás somos igual de ruines, pero no es así. Cuando yo digo X, es X. Y si el día de mañana cambio a Z, será porque yo quiero cambiar a Z y lo haré de manera coherente y argumentada, no porque me da la gana. Imaginad lo que puede ser una relación de pareja con alguien así… para pegarse un tiro en la boca, y si da tiempo dos tiros, para asegurarse.

De repente, y en menos de 5 minutos, algo que parecía ser una bonita relación de amistad se termina convirtiendo en una miserable mierda porque una chica quiere que seamos pareja, JODER. Y como yo no quiero, pues todo se va a tomar por culo. Y yo no engaño a nadie, desde el principio dejo claro que no busco pareja ni amor ni chorradas de esas. Pues así, ser una persona graciosa, abierta, simpática y educada me genera estos problemas. Mierda de gente.

Ah, que no se me olvide. Me dijo que yo no sé lo que quiero, jajaja. Yo SI sé lo que quiero: quiero ser soltero. Ella sí que no sabe lo que quiere, que tiene pareja y es una infeliz. De buena me he librado, hay que joderse.

Historias de Shakn: soy muy madura, no te rías del amor

A simple vista, leyendo el título de la entrada, cualquier persona empieza a sentir cómo la mandíbula se afloja y aflora una sonrisa, ¿verdad? Evidentemente la historia bien merece un desarrollo, pero como aperitivo no está mal. Y es que he sido uno de esos usuarios de Shakn, una aplicación para teléfonos móviles cuya finalidad es, en principio, conocer gente. Luego vendría el “quién sabe” después de ese “conocer gente”, y eso depende de quién lo interprete. En el caso de ellos, conocer gente y sexo; en el caso de ellas, conocer gente y tener una relación formal.

La historia que me concierne hace mención a una chica, cuyo nombre no revelaré (no lo he hecho anteriormente y no lo haré ahora), que conocí en Shakn. Ella vio mi perfil, le gustó lo que vio, a pesar de que tampoco había (sí, pasado) muchos datos, y me escribió un mensaje. La cosa comenzó fluyendo bien, luego nos empezamos a escribir por whatsapp y ahí comenzaron las “historias raras”. En un proceso que ha durado pocas semanas, hemos pasado del “jajaja” al “no te rías del amor” sin que yo apenas me haya dado cuenta.

Yo soy como soy, no voy a cambiar hasta el día en que me muera y si algo cambio será porque considero que me hace peor persona, pero sinceramente, reírme de absolutamente todo menos de las desgracias ajenas (muertes, enfermedades graves, etc) no creo que me convierta en un ser malvado. Y sí, me río del amor, y me río de las personas que, en los tiempos en los que vivimos, creen en príncipes azules o en relaciones parejas estables basadas en el respeto, el cariño, la comprensión y todas esas cosas. Más aún cuando esas personas tienen una formación profesional y laboral, tienen ya una edad (la chica en particular superaba los 40 años) y, además, alardean de madurez.

Hace ya cosa de 2 semanas tuvimos una conversación que terminó tarde en la que ella me hablaba de su deseo de ser madre, muy respetable por cierto y muy comprensible habiendo superado la cuarentena, pero también me hablaba de su deseo de formar una familia con un hombre que la quisiera, la respetara, la tratara bien, etc. Es decir, ideales que, en mi opinión, no dejan de ser cada vez más utópicos. Y la gente madura, la gente con dos dedos de frente, se da cuenta de estas situaciones. Una cosa es querer ser madre y otra encontrar a ese hombre ideal que, montando un corcel blanco, se presenta en la puerta de su casa para salvarla de los males que corrompen el mundo. Que mi sobrina de 5 años piense así tiene un pase, porque tiene pocos años, pocas experiencias en la vida y le gustan mucho las películas de Disney. Pero que una persona hecha y derecha (se supone), con trabajo y responsabilidades, con una formación académica y unas experiencias en la vida, hable de la pareja como una especie de tabla de salvación para su miserable vida es, sinceramente, patético.

Si algo me ha enseñado la vida sobre el tema de la paternidad/maternidad y de las familias, es que las cosas no suelen ser como queremos. Está bien querer ser madre o padre, pero tengamos en cuenta que si eso lo hacemos con otra persona y las cosas no salen bien, los que van a sufrir las consecuencias de nuestros miserables actos van a ser los niños. Peleas, disputas, custodias, acuerdos de visita, manutenciones… ¿No sería mejor intentar evitar eso? ¿Y cómo? Hoy en día se puede ser madre soltera o padre soltero sin problemas, y tener una relación formal con otra persona a sabiendas de que, si esa relación fracasa (cosa harto probable), nuestro hijo seguirá siendo nuestro. ¿Eso es tan difícil de entender? Pongo un ejemplo: Mónica Cruz. Por unas razones o por otras decidió ser madre soltera, evidentemente con unas posibilidades económicas que no todo el mundo tiene, pero el tema sentimental o emocional no le preocupó en exceso. Le dará a su hijo/a el cariño que necesita, la educación, la comprensión. Porque eso necesita un hijo, y da igual si viene de una madre, de un padre, de un padre y una madre, de dos padres o de dos madres. Lo que un hijo no necesita es que haya dos figuras paternas que discutan, peleen, estén de mal humor y le usen de escudo pensando únicamente en su propio beneficio (el de las figuras paternas, se entiende).

Y más allá de la formación de una familia, está el tema de la creencia ciega en el éxito de las relaciones de pareja. No sé, yo debo vivir en una realidad paralela en la que hombres y mujeres se pegan, se gritan, se maltratan e incluso se matan, donde los divorcios son cada vez más numerosos y donde los matrimonios duran cada vez menos. Frente a esa realidad hay otra en la que hombres y mujeres viven en paz y armonía, por supuesto en pareja (lo que ellas quieren), y así hasta la muerte de ambos a una avanzada edad. Hay que joderse, quien no se ría de estas cosas es que no tiene dos dedos de frente.

Allá cada cual con su vida, yo seguiré riéndome de quienes creen en una vida así, vida que llevaron nuestros abuelos, de la que ya muchos de nuestros padres dudaron o a la que renunciaron y de la que nuestros hermanos y amigos no son capaces de aguantar ni un mísero año.

Ah, por cierto, ¿qué pasó con esta pobre chica? El viernes pasado, cuando supuestamente íbamos a quedar pero ella alegó que hacía mucho frío (me meo de risa), me saltó con el tema de que le gustaría que un hombre le regalara cosas, como un anillo y esas memeces que tanta ilusión les hace a algunas, y yo me jacté una y otra vez. Se puso chula, lo que me faltaba, y la muy cría me dijo, en resumidas cuentas, que no me riera del amor. Yo aguanté hasta ahí, porque gente descerebrada en mi vida ha habido mucha y no quería una más, y le dije que ni se le ocurriera volver a escribirme o llamarme. Fin de la cita.

Tercera historia de Livemocha: exotismo de Bangladesh

Nunca habría pensado que alguien de un país tan remoto como Bangladesh querría aprender el idioma de Cervantes y se pusiera en contacto para que le ayudara en la tarea. Doctora titulada y trabajadora, ella estaba interesada en aprender español porque tenía intención de trabajar y vivir en EEUU, especialmente en Nueva York, ciudad plagada de hispanohablantes. Sin embargo, en año y medio apenas tuvimos unas pocas palabras en español, todo era inglés y yo, a título personal, lo agradecí mucho porque me daba la posibilidad de rodarme algo más con el idioma.

Digamos que forjamos una amistad profunda en muchos aspectos pero demasiado antagónica en otros. Creo que una persona con más de 30 años, licenciada en medicina, conocedora de 4 idiomas y aprendiendo un quinto, no puede pensar siquiera un solo segundo en el amor como un hecho ideal, en la pareja como una meta lógica, en la vida familiar armoniosa y en todas esas cosas que parecen más típicas de una película de Walt Disney. Y eso, siento decirlo, me cabrea. Cada uno tiene sus posturas, sus opiniones, sus puntos de vista, pero ha de saber defenderlos con razonamientos lógicos, y cuando no es así, cuando uno se enroca en A pero sin argumentos, yo me cabreo.

Que mi sobrina de 5 años hable de amor verdadero tiene un pase, le gusta Frozen, le gusta Rapunzel y le gusta Bella (la de la bestia), pero tiene 5 años, ¿qué otra cosa va a pensar? Con 30 años la mente tiene que estar mucho más abierta, no puede ser que alguien piense de manera infantil. Eso explica, en gran manera, y desde mi humilde punto de vista, el alto grado de fracaso en relaciones de pareja y matrimonios que vivimos actualmente.

En temas de religión también chocábamos, aunque menos. Ella musulmana no estricta, yo católico no estricto. A ella le escocía el tema de la raza, no sé si era complejo o si realmente había tenido alguna mala experiencia en la vida, pero más de una vez me echó en cara que yo pertenecía al “poder blanco” y que yo me creía superior por el simple hecho de tener la piel blanca. Pues en eso me pasaba igual que con lo del amor, las cosas hay que razonarlas y si no me cabreo. Yo, que tengo amig@s de todos los colores, me importa un bledo si la gente es blanca, negra, amarilla o marrón, y que llegue alguien a decirme que me creo superior por ser blanco me parece ofensivo. Del mismo modo que me cabreo cuando esa persona me dice que me creo superior por vivir en el primer mundo, como si fuese culpa mía haber nacido en la Europa “desarrollada”.

Todos esos roces provocaban que dejáramos de hablarnos durante días, y eso pasó en varias ocasiones. Yo tengo mi personalidad, mi carácter y mi genio, no me pliego ante nadie ni ante nada, soy de esos que prefiere morir de pie que vivir de rodillas, defiendo mis ideas hasta las últimas consecuencias y a quien no le guste, ya sabe dónde tiene la puerta de salida.

Sin embargo, por una razón o por otra terminábamos retomando el contacto, y tanto la apreciaba que llegamos a hacer videoconferencias. Sí, yo, que durante 7 años tuve ordenador portátil y nunca usé, porque no quise, la webcam.

¿Qué fue lo que dinamitó del todo esta amistad? Los celos. A mí me cuesta entenderlo, no soy capaz de asimilar cómo una amiga puede sentir celos de un amigo que es soltero y tiene amigos y amigas. No soy un ligón, no soy un playboy, no soy un… y precisamente el hecho de no tener pareja me da la posibilidad de hacer lo que yo quiera cuando yo quiera, ¿qué problema hay con eso? Cualquier cosa que yo dijera terminaba derivando en un comentario sobre mis amigas. Si yo le decía algo bonito no le gustaba porque también se lo decía a mis amigas. Si yo tardaba 5 segundos en responder por whatsapp es que estaba hablando con mis amigas. Eso era insostenible.

Así que finalmente dejamos de hablarnos y, la verdad, espero no volver a saber nada de ella por mucho aprecio que la tuviera.