Historias de Shakn: soy muy madura, no te rías del amor

A simple vista, leyendo el título de la entrada, cualquier persona empieza a sentir cómo la mandíbula se afloja y aflora una sonrisa, ¿verdad? Evidentemente la historia bien merece un desarrollo, pero como aperitivo no está mal. Y es que he sido uno de esos usuarios de Shakn, una aplicación para teléfonos móviles cuya finalidad es, en principio, conocer gente. Luego vendría el “quién sabe” después de ese “conocer gente”, y eso depende de quién lo interprete. En el caso de ellos, conocer gente y sexo; en el caso de ellas, conocer gente y tener una relación formal.

La historia que me concierne hace mención a una chica, cuyo nombre no revelaré (no lo he hecho anteriormente y no lo haré ahora), que conocí en Shakn. Ella vio mi perfil, le gustó lo que vio, a pesar de que tampoco había (sí, pasado) muchos datos, y me escribió un mensaje. La cosa comenzó fluyendo bien, luego nos empezamos a escribir por whatsapp y ahí comenzaron las “historias raras”. En un proceso que ha durado pocas semanas, hemos pasado del “jajaja” al “no te rías del amor” sin que yo apenas me haya dado cuenta.

Yo soy como soy, no voy a cambiar hasta el día en que me muera y si algo cambio será porque considero que me hace peor persona, pero sinceramente, reírme de absolutamente todo menos de las desgracias ajenas (muertes, enfermedades graves, etc) no creo que me convierta en un ser malvado. Y sí, me río del amor, y me río de las personas que, en los tiempos en los que vivimos, creen en príncipes azules o en relaciones parejas estables basadas en el respeto, el cariño, la comprensión y todas esas cosas. Más aún cuando esas personas tienen una formación profesional y laboral, tienen ya una edad (la chica en particular superaba los 40 años) y, además, alardean de madurez.

Hace ya cosa de 2 semanas tuvimos una conversación que terminó tarde en la que ella me hablaba de su deseo de ser madre, muy respetable por cierto y muy comprensible habiendo superado la cuarentena, pero también me hablaba de su deseo de formar una familia con un hombre que la quisiera, la respetara, la tratara bien, etc. Es decir, ideales que, en mi opinión, no dejan de ser cada vez más utópicos. Y la gente madura, la gente con dos dedos de frente, se da cuenta de estas situaciones. Una cosa es querer ser madre y otra encontrar a ese hombre ideal que, montando un corcel blanco, se presenta en la puerta de su casa para salvarla de los males que corrompen el mundo. Que mi sobrina de 5 años piense así tiene un pase, porque tiene pocos años, pocas experiencias en la vida y le gustan mucho las películas de Disney. Pero que una persona hecha y derecha (se supone), con trabajo y responsabilidades, con una formación académica y unas experiencias en la vida, hable de la pareja como una especie de tabla de salvación para su miserable vida es, sinceramente, patético.

Si algo me ha enseñado la vida sobre el tema de la paternidad/maternidad y de las familias, es que las cosas no suelen ser como queremos. Está bien querer ser madre o padre, pero tengamos en cuenta que si eso lo hacemos con otra persona y las cosas no salen bien, los que van a sufrir las consecuencias de nuestros miserables actos van a ser los niños. Peleas, disputas, custodias, acuerdos de visita, manutenciones… ¿No sería mejor intentar evitar eso? ¿Y cómo? Hoy en día se puede ser madre soltera o padre soltero sin problemas, y tener una relación formal con otra persona a sabiendas de que, si esa relación fracasa (cosa harto probable), nuestro hijo seguirá siendo nuestro. ¿Eso es tan difícil de entender? Pongo un ejemplo: Mónica Cruz. Por unas razones o por otras decidió ser madre soltera, evidentemente con unas posibilidades económicas que no todo el mundo tiene, pero el tema sentimental o emocional no le preocupó en exceso. Le dará a su hijo/a el cariño que necesita, la educación, la comprensión. Porque eso necesita un hijo, y da igual si viene de una madre, de un padre, de un padre y una madre, de dos padres o de dos madres. Lo que un hijo no necesita es que haya dos figuras paternas que discutan, peleen, estén de mal humor y le usen de escudo pensando únicamente en su propio beneficio (el de las figuras paternas, se entiende).

Y más allá de la formación de una familia, está el tema de la creencia ciega en el éxito de las relaciones de pareja. No sé, yo debo vivir en una realidad paralela en la que hombres y mujeres se pegan, se gritan, se maltratan e incluso se matan, donde los divorcios son cada vez más numerosos y donde los matrimonios duran cada vez menos. Frente a esa realidad hay otra en la que hombres y mujeres viven en paz y armonía, por supuesto en pareja (lo que ellas quieren), y así hasta la muerte de ambos a una avanzada edad. Hay que joderse, quien no se ría de estas cosas es que no tiene dos dedos de frente.

Allá cada cual con su vida, yo seguiré riéndome de quienes creen en una vida así, vida que llevaron nuestros abuelos, de la que ya muchos de nuestros padres dudaron o a la que renunciaron y de la que nuestros hermanos y amigos no son capaces de aguantar ni un mísero año.

Ah, por cierto, ¿qué pasó con esta pobre chica? El viernes pasado, cuando supuestamente íbamos a quedar pero ella alegó que hacía mucho frío (me meo de risa), me saltó con el tema de que le gustaría que un hombre le regalara cosas, como un anillo y esas memeces que tanta ilusión les hace a algunas, y yo me jacté una y otra vez. Se puso chula, lo que me faltaba, y la muy cría me dijo, en resumidas cuentas, que no me riera del amor. Yo aguanté hasta ahí, porque gente descerebrada en mi vida ha habido mucha y no quería una más, y le dije que ni se le ocurriera volver a escribirme o llamarme. Fin de la cita.

Tercera historia de Livemocha: exotismo de Bangladesh

Nunca habría pensado que alguien de un país tan remoto como Bangladesh querría aprender el idioma de Cervantes y se pusiera en contacto para que le ayudara en la tarea. Doctora titulada y trabajadora, ella estaba interesada en aprender español porque tenía intención de trabajar y vivir en EEUU, especialmente en Nueva York, ciudad plagada de hispanohablantes. Sin embargo, en año y medio apenas tuvimos unas pocas palabras en español, todo era inglés y yo, a título personal, lo agradecí mucho porque me daba la posibilidad de rodarme algo más con el idioma.

Digamos que forjamos una amistad profunda en muchos aspectos pero demasiado antagónica en otros. Creo que una persona con más de 30 años, licenciada en medicina, conocedora de 4 idiomas y aprendiendo un quinto, no puede pensar siquiera un solo segundo en el amor como un hecho ideal, en la pareja como una meta lógica, en la vida familiar armoniosa y en todas esas cosas que parecen más típicas de una película de Walt Disney. Y eso, siento decirlo, me cabrea. Cada uno tiene sus posturas, sus opiniones, sus puntos de vista, pero ha de saber defenderlos con razonamientos lógicos, y cuando no es así, cuando uno se enroca en A pero sin argumentos, yo me cabreo.

Que mi sobrina de 5 años hable de amor verdadero tiene un pase, le gusta Frozen, le gusta Rapunzel y le gusta Bella (la de la bestia), pero tiene 5 años, ¿qué otra cosa va a pensar? Con 30 años la mente tiene que estar mucho más abierta, no puede ser que alguien piense de manera infantil. Eso explica, en gran manera, y desde mi humilde punto de vista, el alto grado de fracaso en relaciones de pareja y matrimonios que vivimos actualmente.

En temas de religión también chocábamos, aunque menos. Ella musulmana no estricta, yo católico no estricto. A ella le escocía el tema de la raza, no sé si era complejo o si realmente había tenido alguna mala experiencia en la vida, pero más de una vez me echó en cara que yo pertenecía al “poder blanco” y que yo me creía superior por el simple hecho de tener la piel blanca. Pues en eso me pasaba igual que con lo del amor, las cosas hay que razonarlas y si no me cabreo. Yo, que tengo amig@s de todos los colores, me importa un bledo si la gente es blanca, negra, amarilla o marrón, y que llegue alguien a decirme que me creo superior por ser blanco me parece ofensivo. Del mismo modo que me cabreo cuando esa persona me dice que me creo superior por vivir en el primer mundo, como si fuese culpa mía haber nacido en la Europa “desarrollada”.

Todos esos roces provocaban que dejáramos de hablarnos durante días, y eso pasó en varias ocasiones. Yo tengo mi personalidad, mi carácter y mi genio, no me pliego ante nadie ni ante nada, soy de esos que prefiere morir de pie que vivir de rodillas, defiendo mis ideas hasta las últimas consecuencias y a quien no le guste, ya sabe dónde tiene la puerta de salida.

Sin embargo, por una razón o por otra terminábamos retomando el contacto, y tanto la apreciaba que llegamos a hacer videoconferencias. Sí, yo, que durante 7 años tuve ordenador portátil y nunca usé, porque no quise, la webcam.

¿Qué fue lo que dinamitó del todo esta amistad? Los celos. A mí me cuesta entenderlo, no soy capaz de asimilar cómo una amiga puede sentir celos de un amigo que es soltero y tiene amigos y amigas. No soy un ligón, no soy un playboy, no soy un… y precisamente el hecho de no tener pareja me da la posibilidad de hacer lo que yo quiera cuando yo quiera, ¿qué problema hay con eso? Cualquier cosa que yo dijera terminaba derivando en un comentario sobre mis amigas. Si yo le decía algo bonito no le gustaba porque también se lo decía a mis amigas. Si yo tardaba 5 segundos en responder por whatsapp es que estaba hablando con mis amigas. Eso era insostenible.

Así que finalmente dejamos de hablarnos y, la verdad, espero no volver a saber nada de ella por mucho aprecio que la tuviera.

Segunda historia de Livemocha: desde Rusia con amor

La segunda historia de Livemocha que voy a contar tiene que ver con una chica de Rusia, concretamente de Crimea. Tampoco es que yo tuviera muy claro si realmente ella era ucraniana o rusa, por ese conflicto geopolítico que ha tenido lugar en la zona durante los últimos años, pero no me pareció relevante. Al final ella demostró tener cierto (escaso) interés por aprender español y a mí me vino bien para practicar mi inglés, que fue el idioma que usamos casi todo el tiempo.

Desde el principio tuve la sensación de que esa amistad iba a ser efímera, y es que ella andaba obsesionada con tener un novio. Madre ya soltera antes de llegar a los 30, me contaba con frecuencia sus devenires con el padre de la niña, de tan solo 3 años de edad. Móviles rotos, gritos, discusiones… y eso ya separados. No quiero imaginar cómo era antes. A pesar de tan desafortunada experiencia, bastante cotidiana hoy en día, ella nunca perdió la (absurda) esperanza de encontrar un hombre bueno, que la tratara bien y solo la quisiera a ella. Sí, un hombre que solo quisiera a una mujer. Y no, que no viviera en Marte.

Me hablaba de sus amigos latinoamericanos y me decía cosas malas de ellos: machistas, engreídos, mentirosos… Yo le preguntaba: ¿qué es lo que quieres? Y ella me decía que no sabía. Aunque en realidad yo creo que lo tenía muy claro: quería un novio. Como esos chicos no encajaban con su estricto concepto de pareja, creo que terminó desistiendo y, durante un tiempo, quizás solo unos días o tal vez unas horas, abandonó la idea de tener pareja.

Crimea no es un lugar muy populoso, y el pueblo donde ella vivía apenas tendría 5.000 habitantes, siendo generosos. ¿Eso qué quiere decir? Que las opciones reales que tenía de encontrar un novio en ese sitio eran escasas o nulas. De ahí quizás su intención de aprender español, para tener un “mercado” más amplio al que acceder.

Yo le decía que eso que quería era un tanto absurdo, y me hacía a la idea de que cualquier día dejaría de hablarme porque habría encontrado el “amor”. Pasaron las semanas y hablábamos con regularidad, pero había días en los que me hablaba de su “depresión” por no tener pareja. Virgen santa, que alguien pueda sentirse mal por no tener pareja con lo mal que está el mundo es sencillamente vergonzoso. Pero hay gente que es así, no merece la pena darle más vueltas.

A finales de año (2016) llegó el momento que tanto había pronosticado. Iba a decir “temido” pero eso sería mentir, no se puede temer algo así. Me dijo sencillamente que la semana siguiente no podría escribirme, y yo pensé que estando en una zona tan conflictiva de Rusia, pues sería algún problema de cortes de señal, de luz o qué sé yo. A veces intento pensar bien de la gente. Mal por mí. Volvió a la vida una semana después y me contó, con toda la alegría del mundo, que había estado con un chico español en Kiev durante esa semana. A mí eso me daba un poco igual, como si el chico español se hubiese muerto en un accidente aéreo, mi vida habría seguido siendo la misma, pero que me hubiese dejado de escribir por esa razón me sentó muy mal.

Ella, no esperaba yo otra cosa, no lo terminó de entender. Y se lo expliqué de un modo sencillo. ¿Me has dejado de escribir por una causa de fuerza mayor? No. ¿Me has desplazado como amigo por un encuentro con un chico? Sí. ¿Crees que me puedo sentir bien si una amiga me trata así? Pues ver para creer, pero le costó decir que no. Y traté de que lo comprendiera del todo haciéndole sentir, harto complicado tratándose de “amor”, un poco de empatía. Es decir, ¿qué le habría parecido a ella si yo le hubiese hecho eso mismo? Anda, pues me dijo que mal, jajaja. Así de patética es la gente. Me pidió perdón, yo se lo negué, y me insinuó que yo tenía que perdonarla porque eso hacen los amigos.

Claro, eso me hizo efervescer la sangre. Los amigos no hacen lo que hizo ella, y si lo hacen es porque esa amistad vale cero, pero luego esa misma gente tiene la desfachatez de decir que los amigos perdonan. ¿Cómo te voy a perdonar si has dejado nuestra amistad pisoteada y hundida? Ella insistió y me preguntó que cuándo le iba a perdonar. Peor aún, ¡daba por hecho que la iba a perdonar!

Así que corrí un tupido velo, pasé página y no he vuelto a saber de ella, gracias a Dios.

España, un país lleno de mujeres liberales y ladrones

Cada día me sorprenden más las opiniones que algunos extranjeros tienen sobre España y sus habitantes. Gente que, no contenta con no haber pisado siquiera otro país en su vida que el suyo propio, se atreve a decir todo lo que le cuentan como si fuesen verdades absolutas. Las dos últimas, aunque no por eso novedosas, son las que reza el título.

Sí, parece que sí, el país en el que vivo desde hace más de 3 décadas, país en el nací, está abarrotado de ladrones que campan a sus anchas por las calles de nuestras ciudades y de mujeres liberales que, o bien les seducen (a los ladrones) o bien son robadas (por los ladrones). Es evidente que estas opiniones no hacen ningún bien ni a mi ciudad ni muy especialmente a mi país, pero qué puedo hacer yo si la persona que las vierte se reafirma en las mismas a pesar de no haber viajado en su **** vida más allá de las fronteras de su país.

Hace poco me decían, sin ánimo de ofender (lo cual se agradece pero no basta), que España estaba llena de ladrones y que si a mí no me habían robado nunca era porque había tenido suerte. Es decir, que si en mis más de 3 décadas viviendo en España no me habían robado la cartera o el teléfono móvil todo era fruto del azar, algo que no deja de sorprenderme teniendo en cuenta que a lo largo de una semana hago bastantes recados por las calles de mi ciudad y, en algunos casos, he de manejar ciertas cantidades de dinero que obtengo en efecto de un cajero (porque al menos yo no se lo robo a nadie). Debo de tener un ángel de la guarda impropio de mi persona, que vivo ajeno a la realidad que me rodea, pues pienso que ladrones, haberlos haylos, pero que son pocos y cobardes. La realidad es bien distinta, pues debe de ser que cuando camino por la calle, a mis espaldas se producen hurtos y robos de toda clase y condición. Ah, por cierto, ese comentario sobre los ladrones me lo dijo una chica nacida y residente en El Cairo, Egipto. Sí, el país donde cierto ex presidente ha sido condenado a muerte por ciertas revueltas donde murió mucha gente y donde muchas chicas fueron violadas. Pero no, España es el país inseguro, ya veo.

En cuanto a que las mujeres españolas son liberales, pues otro tanto de lo mismo. Resulta que en este caso, una chica centroamericana me dice que las mujeres españolas son liberales porque le han dicho que… le han contado que… ha oído que… Eso sí, ¿ha salido alguna vez de su país? No, nunca. ¿Y no es mejor ver las cosas por uno mismo para poder conformarse una opinión razonable y defendible antes de decir cualquier memez y defenderla hasta lo imposible?

Ojo, que luego el concepto de “liberal” es variable. Por ejemplo, la primera que me dijeron esto se trataba de una chica colombiana que me expresó su sorpresa porque las mujeres españolas, liberales ellas, vivían con su pareja antes del matrimonio. ¿Eso es ser liberal? No, querida amiga colombiana, eso es un símbolo de inteligencia, pues antes de dar uno un paso importante en su vida, debe de estar seguro de si lo que va a hacer tiene visos de funcionar o no. Hoy, sin embargo, me han dicho que las mujeres españolas son liberales porque se besan con otras mujeres sin ser lesbianas y que lo ven como algo normal. ¿Perdón? ¿Leen bien mis ojos o acaso debo darles una friega con manzanilla?

Pues sí, ahora parece que las mujeres españolas, aquellas sobre las que se han hecho tantos chistes y bromas, algunas justificadas, otras no, son liberales y, por qué no decirlo, unas auténticas guarras. Claro, que yo me pregunto entonces el motivo por el que tantos hombres españoles son infieles a sus parejas y el motivo por el que tantos hombres españoles terminan viviendo en países sudamericanos (República Dominicana, Cuba o Brasil, entre otros) o simplemente yendo allí a pasar unos días “bien acompañados”.

No creo estar equivocado cuando mis ojos han visto lo que han visto, tanto en unos lados como en otros, porque yo SÍ he tenido la oportunidad de viajar, de ver, de compartir, de experimentar, tanto en Europa como en América, y no puedo entender que alguien que no ha salido casi de su ciudad diga semejantes barbaridades. ¿Será esto fruto de la globalización? Yo creo que no, que todo esto es fruto de la puñetera ignorancia.

Mujeres y hombres, todos somos iguales

Empiezo a cansarme de defender ante determinadas personas, especialmente mujeres (siendo yo un hombre), la necesidad de comprender que hombres y mujeres somos iguales y que lo único que nos hace diferentes son ciertas características físicas. ¿Por qué hay gente que se empeña en creer que el hombre tiene ciertas obligaciones para con la mujer por el simple hecho de ser hombres? A veces pienso, por no decir que estoy seguro, que son ellas las que más fomentan el sustento de una sociedad machista.

No entiendo que una mujer me diga que ella nunca invitaría a un hombre a unas vacaciones (por invitar entiéndase pagar) y sin embargo ella misma considere que el hombre está obligado a hacerlo. En cierta forma, creo que eso no beneficia de ningún modo la igualdad de género, da la impresión de que es el hombre quien hace todo y ella solo recibe, y al final se convierte en un mero objeto. ¿No quieres invitar? No pasa nada, bonita, pero al menos paga tu parte, ¿no? Que para algo trabajas, digo yo.

El hombre servicial, ¿y la mujer? Ella disfruta de un fin de semana en la playa con los gastos pagados por él, ¿y qué supone que ha de hacer o pensar él? ¿Nada? Luego ellas se sorprenden de ser vistas como objetos, y es normal. Si se comportasen de un modo más equitativo, no veríamos tanto machismo en la sociedad.

Me acaba de decir una chica que está interesada en un hombre que la ame (jaaaaaa) y que le pague todos los gastos (jaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa), que si estoy interesado. Lo malo no es que pida esas cosas, sino que encuentre a alguien tan imbécil como para caer en la trampa. Y luego algunas quieren ser vistas como iguales con este tipo de actitudes…