Tinder y las españolas

Tinder y las españolasTinder y las españolas, qué mundo. Hace ya dos años casi y medio que uso Tinder y unos 4 meses usando la versión Gold. El fracaso nacional es absoluto para mí. Lo que triunfo fuera no lo veo dentro ni de broma. Es como un mal chiste. ¿Las causas? Pueden ser variadas. Que me consideren feo es lo más probable. Como si ellas fuesen bellezas, jajaja. Pero me parece que hay algo más.

Vaya por delante que soy de los que cree que las mujeres valoran el físico tanto como un hombre o más. Aunque luego ellas también tienen muy presente el tema “espiritual” o “sentimental”. El hombre es mucho más físico, sexual. Ellas son aceite y nosotros somos agua. Se pueden juntar pero no mezclar. Se entiende, ¿verdad?

En mi caso, como decía, creo que el tema físico no lo paso para la inmensa mayoría de usuarias españolas. Qué mal por mí, un chico alto, delgado, que hace deporte, no fuma, no bebe, no se droga. Me gusta leer, ver películas, viajar, los animales. Viendo los despojos humanos que hay por ahí como Rafa Mora, es triste ver que ese tipo de hombre está mucho mejor visto y valorado por la mujer española. Sí, doy fe.

Luego está el tema personal. Yo al principio hacía una breve descripción de mi personalidad. Cero likes. Intenté mejorar la descripción. Cero likes. Intenté ser más gracioso. Cero likes. Intenté poner mejores fotos de mi cara. Cero likes. Tengo claro que de tener tableta de chocolate y poner fotos mías en la playa, tendría muchos likes. El verano pasado, de repente, tuve 2-3 likes de chicas agradables. Pero había algo raro en aquellas conversaciones. Todo era “jajajajaja” por su parte. A ver, soy gracioso pero no tanto. Y de repente, todas desaparecieron sin dejar rastro. Es decir, bots. Se puede entablar una conversación medianamente normal pero poco más. Ahí se acabó mi éxito español. Luego llegó noviembre, viaje a Bahamas, activación de Tinder en Bahamas y… ¡éxito! Al poco tenía 3-4 likes, más que en España en 2 años. Lo dicho, patético.

Es ahí cuando decido activar Tinder Gold hace 4 meses. Y veo que hay gente a la que le gusto. Actualizo mi descripción y la escribo también en inglés. No tendré tableta de chocolate ni seré guapo pero hablo dos idiomas. Voy a República Dominicana. Y también tengo éxito, ¡vaya! Sin embargo algunas tardan semanas en responder y para entonces ya estoy de vuelta en España. Aquí veo perfiles como el de la imagen. Y es que eso es, desgraciadamente, lo habitual.

Merece la pena leerlo y echarse unas risas. Ella exige, en cierto modo, una altura mínima. Yo le podría exigir un busto mínimo. Claro, yo sería un cerdo machista; ella sería una mujer con clase y con buen gusto. Pero lo que me parece de traca es lo siguiente: “con ideas claras, que sepan lo que quieren”. Yo tengo mis ideas muy claras y sé lo que quiero. Sin embargo, bonita, es muy diferente de lo que quieres tú. Y no por eso soy peor que tú. “Con ganas de conocer a alguien de verdad”. ¿Cómo es eso? ¿Los que no queremos lo mismo que ella somos de mentira? Como decía antes, ¿somos peores? “Mucha gente confunde la finalidad de esta aplicación”. Pues sí, la primera es ella. Las aplicaciones como Tinder son para conocer gente, y luego sucederá lo que tenga que suceder. No es obligatorio usar Tinder para tener pareja, digo yo.

Claro, que luego veo su canción de culto y me dan ganas de vomitar. Y ese es, desgraciadamente, el nivel de la inmensa mayoría de usuarias de España. Recuerden que luego, oh sorpresa, los malos de la película somos los hombres. Yo tengo otras teorías.

El último like en Tinder quería encontrar a su media naranja

Resulta que el último like en Tinder quería encontrar a su media naranja. Y obviamente he tenido que darle a la X de “No, gracias”. Siguiendo el post anterior, donde comentaba que Tinder apesta a bots, he llegado hasta el perfil de la mujer (ya en la cuarentena) que había sentido atracción hacia mí. Evidentemente no voy a dar datos de su perfil. Y mucho menos voy a poner su foto. Sí comento su edad y su deseo de encontrar lo que ella considera la felicidad.

¿Y qué ha pasado después? Que había otro like en cola. ¡Será posible! Y no doy con la chica en cuestión, porque aparentemente tiene gafas de sol, pero nada. Y me pico y sigo buscando pero no doy con ella. Y me pico y pienso si debo pagar por usar Tinder Gold. Al final creo que terminaré por morder el anzuelo y pagaré. Pero tengo claro que dejaré mis impresiones en este antiguo blog.

Por el momento trataré de ir dando al NO a todas hasta que vea un perfil parecido a la imagen pixelada del like. El caso es que también parece estar abrazando algo, posiblemente un perro, y parece estar en una playa. Entretenido es, de eso no cabe duda.

De todas formas, aclararé una última cosa. Si termino pasándome al Gold será por la posibilidad de eliminar el límite geográfico. Tengo en mente viajar el año que viene y creo que puede ser una gran idea. Siempre y cuando no me encuentre todo bots.

Tinder apesta a bots, no conviene pagar por la versión Gold

Pues sí, Tinder apesta a bots y creo que no conviene pagar por la versión Gold. Es posible que otros usuarios de la famosa red social para ligar opinen otra cosa. Yo respeto eso, pero quiero dar a conocer mi experiencia. He aprovechado también para leer en internet lo que otras personas han vivido. Y también he podido hablar con amigos que usan o han usado Tinder. Y sinceramente, creo que algo huele mal.

Yo me di de alta en Tinder en noviembre de 2016. Entonces adquirí mi actual teléfono, un iPhone 7, con capacidad suficiente para todo tipo de aplicaciones. Decidí usar una famosa aplicación de citas para conocer chicas de Madrid y alrededores. Puse mis fotos, las mejores que pude (no soy Brad Pitt), y escribí una descripción sencilla pero clara.

Durante todo este tiempo, hasta hace mes y medio, solo coincidí con 2 chicas (likes recíprocos, por así decirlo). Una no llegó a escribir nada, y la otra me dio miedo desde el principio. Decía en su descripción que no quería “chicos con mochilas emocionales”. Me habría gustado saber el tamaño de la suya, pero fue una coincidencia breve. Hablamos un poco sobre Tinder, la dificultad de establecer conexiones. Y me vino a decir algo así como que mi perfil era muy flojo. Hoy le encuentro un sentido a aquella extraña conversación.

¿Qué cambió hace mes y medio? No estoy muy seguro, la verdad. Quizás fue el hecho de percibir un detalle del que no me había dado cuenta hasta ese momento. De repente pensé que la imagen de los likes, me gusta o como sea, es una imagen muy pixelada del perfil de la persona que ha dado al corazón verde. Y probé a ver si era capaz de encontrar dichos perfiles a ojo.

Y fui capaz, jajaja. Vaya que si fui capaz. Acertaba sin problemas. Ahí llegó la primera conexión y los primeros mensajes. Una chica que solo mostraba su espalda. Todo muy cordial y educado al principio. Luego, la chica desapareció. No creo que yo dijera nada inapropiado, pero lo acepté y seguí probando suerte.

¡Bingo! Segunda conexión en poco tiempo. Una chica de 37 años de Madrid. Todo muy bien, mucho jajaja, mucho jijiji y todo fluyendo. Sin que yo dijera nada inapropiado, desapareció. Eso ya empezaba a mosquear. Al poco, una nueva conexión, esta vez una chica de 40 años de Madrid, doctora especializada en oncología. Igual que la anterior, todo muy bien. Mucho jajaja, mucho jijiji y todo fluyendo. De repente, deja de escribir. Claro, cuando son varios casos todos similares, uno se da cuenta de que las casualidades NO existen.

Seguí probando y de repente veo que una chica a la que di yo like, acepta. De Madrid, 44 años y con una bonita foto en su perfil. Saludo educadamente y me responde educadamente pero me dice que es muy bajita, que mide 1.65. Bueno, no veo yo el problema. En mi perfil tengo puesto que mido 1.90, tengo las piernas largas pero no es relevante. Cortésmente le digo que la diferencia de altura no es problema, que es mejor una buena conversación. Deja de escribir y a los dos días deshace el match.

Pues qué queréis que os diga, pero apesta a MIERDA de la gorda. El análisis lo hago no solo por esto y por mi no creencia en las casualidades. Resulta que hace 2 años estuve dado de alta en el servicio de pago de Meetic durante un mes. Yo usaba el servicio gratuito pero por mi cumpleaños me ofrecieron un mes con todos los servicios. Acepté y me puse a probar. Contacté con algunas chicas/mujeres. Y había algo raro. El comportamiento era, a grosso modo, muy parecido al de las chicas/mujeres de Tinder. La única gran diferencia es que las de Meetic parecían alanfabetas.

A mí me gusta escribir bien y me gusta que me escriban bien. Puedo aceptar alguna falta de ortografía. Pero una cosa es eso y otra que una chica supuestamente española escriba como si hubiese nacido en la zona más profunda de África y hubiese llegado a España hace 2 meses. Eso sí, como decía, al poco de haber empezado a escribir, desaparecían. Curioso, sin duda. ¿Casualidad? Me temo que no.

¿Son bots? Yo tengo pocas dudas, creo que lo son. ¿Qué gana Tinder usando bots? Que la gente pague por la versión Gold. Actualmente, un mes cuesta 32.99 euros. Cuantos más meses, menos cuesta la mensualidad pero más pagamos en conjunto. La versión Gold nos permite, entre otras cosas, saber quién da LIKE en nuestro perfil. No hay que dejarse la vista para intuir quién puede ser esa persona. Nos permite aparecer primeros en las búsquedas, podremos conocer gente de todo el mundo, etc. Ahora bien, ¿cuántos perfiles reales hay?

Ya para terminar, comentaré un caso verdaderamente llamativo. Había una página, parece ser que ya no existe, que se llamaba Model Meet. Ya os podéis hacer a la idea qué iba. Tú, simple y vulgar mortal, ibas a conocer “modelos” buenorras que se morían por conocer gente con “corazón” que las apreciara más allá de su “físico”. Como reclamo no está mal, ¿verdad? Pero seamos sinceros, eso solo sucede en sueños. Yo me di de alta, sentía curiosidad. ¿Y qué sucedió? A los pocos días tenía unos 30 mensajes de diferentes “modelos” buenorras que se morían por conocerme. A ver, no soy Quasimodo pero tampoco soy Brad Pitt.

Las modelos se juntan con gente bien: futbolistas famosos, actores famosos, deportistas famosos, etc. Yo no tengo ninguna de esas cualidades. Soy una persona normal y corriente. Así que me puse a averiguar. El dueño del sitio aseguraba que eran modelos reales. Los que habían pagado aseguraban que era una estafa, que las chicas no existían. Siempre tenían tendencia a desaparecer, incluso algunas en el último momento: antes de la primera cita.

Yo no tengo problema en pagar por algo. Pago por mi teléfono, mi coche, mi internet. Pero si pago por algo, quiero que ese algo sea bueno, con una calidad que se corresponda a lo que he pagado. Si pago 730 euros por un iPhone 7, quiero un iPhone 7, no un Nokia 3310. Si pago 120 euros al mes por fibra óptica, televisión y telefonía móvil, no quiero ADSL, 3 canales de tv y llamadas limitadas. Luego, si pago 33 euros por conocer gente en Tinder, quiero conocer gente real, no perfiles falsos o bots.

Historias de Shakn: soy muy madura, no te rías del amor

A simple vista, leyendo el título de la entrada, cualquier persona empieza a sentir cómo la mandíbula se afloja y aflora una sonrisa, ¿verdad? Evidentemente la historia bien merece un desarrollo, pero como aperitivo no está mal. Y es que he sido uno de esos usuarios de Shakn, una aplicación para teléfonos móviles cuya finalidad es, en principio, conocer gente. Luego vendría el “quién sabe” después de ese “conocer gente”, y eso depende de quién lo interprete. En el caso de ellos, conocer gente y sexo; en el caso de ellas, conocer gente y tener una relación formal.

La historia que me concierne hace mención a una chica, cuyo nombre no revelaré (no lo he hecho anteriormente y no lo haré ahora), que conocí en Shakn. Ella vio mi perfil, le gustó lo que vio, a pesar de que tampoco había (sí, pasado) muchos datos, y me escribió un mensaje. La cosa comenzó fluyendo bien, luego nos empezamos a escribir por whatsapp y ahí comenzaron las “historias raras”. En un proceso que ha durado pocas semanas, hemos pasado del “jajaja” al “no te rías del amor” sin que yo apenas me haya dado cuenta.

Yo soy como soy, no voy a cambiar hasta el día en que me muera y si algo cambio será porque considero que me hace peor persona, pero sinceramente, reírme de absolutamente todo menos de las desgracias ajenas (muertes, enfermedades graves, etc) no creo que me convierta en un ser malvado. Y sí, me río del amor, y me río de las personas que, en los tiempos en los que vivimos, creen en príncipes azules o en relaciones parejas estables basadas en el respeto, el cariño, la comprensión y todas esas cosas. Más aún cuando esas personas tienen una formación profesional y laboral, tienen ya una edad (la chica en particular superaba los 40 años) y, además, alardean de madurez.

Hace ya cosa de 2 semanas tuvimos una conversación que terminó tarde en la que ella me hablaba de su deseo de ser madre, muy respetable por cierto y muy comprensible habiendo superado la cuarentena, pero también me hablaba de su deseo de formar una familia con un hombre que la quisiera, la respetara, la tratara bien, etc. Es decir, ideales que, en mi opinión, no dejan de ser cada vez más utópicos. Y la gente madura, la gente con dos dedos de frente, se da cuenta de estas situaciones. Una cosa es querer ser madre y otra encontrar a ese hombre ideal que, montando un corcel blanco, se presenta en la puerta de su casa para salvarla de los males que corrompen el mundo. Que mi sobrina de 5 años piense así tiene un pase, porque tiene pocos años, pocas experiencias en la vida y le gustan mucho las películas de Disney. Pero que una persona hecha y derecha (se supone), con trabajo y responsabilidades, con una formación académica y unas experiencias en la vida, hable de la pareja como una especie de tabla de salvación para su miserable vida es, sinceramente, patético.

Si algo me ha enseñado la vida sobre el tema de la paternidad/maternidad y de las familias, es que las cosas no suelen ser como queremos. Está bien querer ser madre o padre, pero tengamos en cuenta que si eso lo hacemos con otra persona y las cosas no salen bien, los que van a sufrir las consecuencias de nuestros miserables actos van a ser los niños. Peleas, disputas, custodias, acuerdos de visita, manutenciones… ¿No sería mejor intentar evitar eso? ¿Y cómo? Hoy en día se puede ser madre soltera o padre soltero sin problemas, y tener una relación formal con otra persona a sabiendas de que, si esa relación fracasa (cosa harto probable), nuestro hijo seguirá siendo nuestro. ¿Eso es tan difícil de entender? Pongo un ejemplo: Mónica Cruz. Por unas razones o por otras decidió ser madre soltera, evidentemente con unas posibilidades económicas que no todo el mundo tiene, pero el tema sentimental o emocional no le preocupó en exceso. Le dará a su hijo/a el cariño que necesita, la educación, la comprensión. Porque eso necesita un hijo, y da igual si viene de una madre, de un padre, de un padre y una madre, de dos padres o de dos madres. Lo que un hijo no necesita es que haya dos figuras paternas que discutan, peleen, estén de mal humor y le usen de escudo pensando únicamente en su propio beneficio (el de las figuras paternas, se entiende).

Y más allá de la formación de una familia, está el tema de la creencia ciega en el éxito de las relaciones de pareja. No sé, yo debo vivir en una realidad paralela en la que hombres y mujeres se pegan, se gritan, se maltratan e incluso se matan, donde los divorcios son cada vez más numerosos y donde los matrimonios duran cada vez menos. Frente a esa realidad hay otra en la que hombres y mujeres viven en paz y armonía, por supuesto en pareja (lo que ellas quieren), y así hasta la muerte de ambos a una avanzada edad. Hay que joderse, quien no se ría de estas cosas es que no tiene dos dedos de frente.

Allá cada cual con su vida, yo seguiré riéndome de quienes creen en una vida así, vida que llevaron nuestros abuelos, de la que ya muchos de nuestros padres dudaron o a la que renunciaron y de la que nuestros hermanos y amigos no son capaces de aguantar ni un mísero año.

Ah, por cierto, ¿qué pasó con esta pobre chica? El viernes pasado, cuando supuestamente íbamos a quedar pero ella alegó que hacía mucho frío (me meo de risa), me saltó con el tema de que le gustaría que un hombre le regalara cosas, como un anillo y esas memeces que tanta ilusión les hace a algunas, y yo me jacté una y otra vez. Se puso chula, lo que me faltaba, y la muy cría me dijo, en resumidas cuentas, que no me riera del amor. Yo aguanté hasta ahí, porque gente descerebrada en mi vida ha habido mucha y no quería una más, y le dije que ni se le ocurriera volver a escribirme o llamarme. Fin de la cita.

El amor para el marido, el sexo para el amante

Curiosa encuesta la que ha realizado el portal Gleeden.com a un total de 1.500 mujeres en España, no tanto por las preguntas de la encuesta sino por los resultados. Especialmente, porque un 60% de las encuestadas considera que se puede vivir en pareja sin tener sexo. Vamos, la ruina de todo matrimonio, jajaja. Claro, luego resulta que hay un 70% de los matrimonios termina en divorcio, qué casualidad que las cifras sean similares, ¿verdad? Cualquier persona con dos dedos de frente, para empezar, no sustenta su vida en el matrimonio, pero quien lo hace sabe perfectamente que el sexo es parte fundamental de cualquier relación de pareja. Es decir, es la culminación física del amor en una pareja, suponiendo que tal amor exista. Al final, el hastío y el cansancio provocan, como revela el estudio, que el amante, el producto de la infidelidad (en este caso femenina, pues el estudio se realizó en mujeres), sea quien realmente pueda satisfacer las necesidades sexuales de la mujer. El marido tiene la obligación de abrazar, el amante la obligación de penetrar, jajaja. El día del Juicio Final no se salva nadie. Amén.

Aquí dejo toda la noticia con sus resultados, a ver qué os parecen.

El amor de la pareja debe ser más tierno que sensual para mantener cohesionada la relación. El sexo es otra cosa que poco o nada tiene que ver con el amor. Son las conclusiones a las que llega una encuesta realizada entre 1.500 mujeres españolas por Gleeden.com, un portal web dedicado a organizar encuentros extraconyugales.

Según los datos aportados por su muestreo, los maridos tienen todas las de perder ante un amante ocasional: ellas afirman que ‘fingen’ porque apenas la mitad tiene orgasmos regularmente con sus parejas habituales; más aún, un 19% afirma sentirlos en cada relación sexual, cifra escasa ante el 39% de clímax que parecen sentir en todas y cada una de sus escarceos con amantes ocasionales.

Más amor que frenesí

Seis de cada diez (58%) afirma incluso que se puede sobrevivir sin sexo en el matrimonio. Un panorama gris que tiene otros datos demoledores: un 20% afirma sentirse “poco o nada realizadas” e incluso un 13% asegura que duermen solas desde hace más de seis meses.

Apenas un 26% de las que reconocen tener más de seis relaciones al mes con sus esposos afirman hacerlo por auténtico deseo. Un porcentaje similar lo hace para “complacer” a su cónyuge, un 32% por “hábito” y un 17% por “deber” como pareja. En lo que más se ponen de acuerdo (un 95%) afirman que, más que el sexo, es la ternura la que es “un factor determinante” para mantener unida a la pareja.

Valentía contra la rutina

La rutina sexual de las españolas incluye, en un 70%, la masturbación. Un 52% de ellas incluso lo hacen varias veces al mes. Es una tarea individual más allá de lo evidente porque únicamente el 16% lo incluye en sus prácticas habituales con su pareja.

Ellas son más lanzadas con lo esporádico. Del 82% que sólo hace el amor por la noche con sus maridos se pasa al 86% a la que les da igual la hora, con sus amantes.

Pero las aventuras tienen otra vertiente. Un 82% satisface sus fantasías, un 51% los preliminares ‘olvidados’, un 54% quiere explorar nuevas prácticas -incluidas las relaciones homosexuales- y tres de cada cuatro afirma que quieren darle picante a su vida cotidiana.