Varsovia. Guía de viajes y turismo.

Acabo de completar mi última guía de viajes y turismo: Varsovia. Después de un tiempo de mi viaje a esta ciudad centroeuropea he podido juntar material suficiente para hacer una guía de viajes que pueda resultar útil a la gente que quiera visitar próximamente la ciudad.

Ideal para excursiones de un día o para fines de semana, la ciudad polaca no deja indeferente a nadie por sus monumentos y su riqueza artística.

Solo espero que os guste tanto como a mí: http://varsovia.viajareslomio.es/

Cracovia. Guía de viajes y turismo.

Acabo de completar mi última guía de viajes y turismo: Cracovia. Después de un tiempo de mi viaje a esta ciudad centroeuropea he podido juntar material suficiente para hacer una guía de viajes que pueda resultar útil a la gente que quiera visitar próximamente la ciudad.

Ideal para excursiones de un día o para fines de semana, la ciudad polaca no deja indeferente a nadie por sus monumentos y su riqueza artística.

Solo espero que os guste tanto como a mí: http://cracovia.viajareslomio.es/

Viaje a Polonia, octubre de 2007

La verdad es que puede parecer un destino poco turístico para la gente de aquí, pero en el fondo hay demasiadas cosas que ver y que uno no puede dejar de lado. Durante los casi 5 días que estuve allí, me dio tiempo a ver muchas cosas interesantes. En primer lugar, obviamente, tuve la oportunidad de ver a mi amiga Dorota, una chica polaca que actualmente trabaja y vive en Varsovia, capital de Polonia (por si alguien no lo sabe). Ya tuve la oportunidad de verla durante este verano en Madrid, pero en mi caso no se daban las mejores circunstancias para estar con ella, así que apenas pude estar con ella medio día. Al día siguiente, decidí que iba a cometer una pequeña locura: comprar un billete de avión para ir a Varsovia. Y eso hice.
El pasado 27 de septiembre llegué a las 7:30 a la (impresionante) T4 del aeropuerto de Madrid-Barajas. Allí cogí un vuelo que me dejó en Viena, y luego cogí otro vuelo que me llevó a Varsovia, a eso de las 14:40. Nada más salir por la puerta, vi a Dorota esperándome (¡¡menos mal!!), nos dimos 3 besos (como es tradición allí) y fuimos a la parada del autobús. Llegamos a su casa y, tras dejar la maleta en mi habitación, nos fuimos al centro moderno de la ciudad. Usando el tranvía, un transporte bastante rápido, eficaz y no perjudicial para el medio ambiente, llegamos al Centrum. Allí se pueden ver los rascacielos de la ciudad, empezando por el Palacio de la Cultura y de la Ciencia, el edificio más alto de Polonia, con 235 metros de altura, de claro estilo comunista. Se puede subir a un nivel que está a 114 metros sobre el suelo, y hay muy buenas vistas de la ciudad. Una vez bajamos, fuimos a dar una vuelta en dirección al centro antiguo de la capital. Allí vimos el parque Ogrod Saski y el monumento al soldado desconocido. Es curioso que, cada 2 horas, hacen cambio de guardia, todo muy marcial y muy formal, y los soldados parecían de cera… Luego vi que no, porque respiraban y se movían. Pasamos por varios sitios, pero ya era de noche y no pude hacer fotos. Llegamos al centro antiguo, una parte de la ciudad que fue totalmente destruida por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial y que, más tarde, fue totalmente reconstruida, aunque eso es algo que se nota casi a primera vista. Una vez llegamos al Castillo Real, nos encontramos con Carol, un amigo de Dorota y que, para más suerte, es historiador especialista en la historia polaca. Me estuvo contando, en inglés, muchas de las cosas que pasaron en Polonia desde la Edad Media. La verdad es que el pueblo polaco ha sido invadido en múltiples ocasiones, sobre todo por los rusos, que desde siempre les debieron tener muchas ganas. Me llamaron la atención, especialmente, dos cosas. En primer lugar, “cada piedra de Varsovia está bañada en sangre”, en referencia a la rebelión popular que tuvo lugar el 1 de agosto de 1944, y en la cual murieron entre 150.000 y 200.000 varsovianos. La idea de esta rebelión era, ante el empuje de las fuerzas soviéticas, acabar con la ocupación nazi y conseguir un puesto de fuerza contra Stalin. Habían previsto que esos objetivos deberían conseguirse en 4 días. Sin embargo, la negativa de ayuda por parte de los ejércitos rojos y el gran poder bélico del ejército nazi provocaron que esta rebelión durase 63, acabando con la población de Varsovia, provocando la destrucción de la parte occidental de la ciudad y facilitando la ocupación soviética poco después, dando paso a la represión comunista. En segundo lugar, creo que la historia del pueblo judío, al que muchos crucifican por su actual situación en oriente próximo, ha sido bastante complicada durante todos estos siglos. No sé si alguien se preguntará qué fue de los judíos cuando fueron expulsados de España definitivamente en el siglo XV, pero muchos fueron a parar al imperio turco (donde fueron más respetados que aquí) y otros fueron a parar a lo que en aquel entonces era Rusia. En el siglo XIX, los judíos que vivían en el imperio ruso fueron expulsados a la parte más occidental del mismo, es decir, a Polonia. Yo nunca me había hecho una pregunta sencilla de respuesta más sencilla aún. ¿Por qué la mayoría de los campos de concentración y exterminio nazis estaban en Polonia? Porque allí estaban la mayoría de los judíos. Un millón de judíos fueron exterminados en Auschwitz, y 6 millones durante el holocausto nazi (que algún loco quiere negar).
Siguiendo con mi historia del viaje, esa noche Carol nos dejó en el Centrum para ir a su casa, y yo fui con Dorota a cenar. Más tarde, ya un poco cansados, fuimos a casa a dormir. Al día siguiente, volvimos a las calles de Varsovia. Lo primero que visitamos fue el parque Lazienkowski, donde hay una estatua en honor de Chopin (nacido en Polonia, no en Francia, como muchos piensan, aunque tiene ascendencia francesa). La verdad es que es un parque muy bonito, todo parece muy natural y poco artificial, y a mí eso me gusta mucho. Tras ver buena parte del parque y alguna cosa más, nos dirigimos de nuevo a la ciudad para dar un paseo hacia la ciudad antigua y verla, esta vez, de día. Justo antes de llegar, había una pequeña torre desde la cual había muy buenas vistas de la zona. Bajamos y empezamos a dar una vuelta por la zona reconstruida, en la cual vive gente a pesar de, parece ser, los precios tan caros. Ya digo que la zona está bien, pero se nota que no es antiguo. Aún así, después de lo que pasó en la ciudad hace 70 años, me parece genial que hayan hecho esto.
Al día siguiente, tocaba coger el tren prontito para ir a visitar Cracovia, a 3 horas de Varsovia. La estación de tren de la ciudad queda muy cerca del centro antiguo, así que pudimos ir tranquilamente andando hasta nuestro hotel. Una vez allí, dejamos nuestras cosas y nos fuimos a la plaza del mercado, donde está toda la actividad de la ciudad (en lo que a turismo se refiere). Lo primero que hicimos fue subir a la torre de la iglesia de Santa María, una subida de 239 escalones que se hace algo difícil por la estrechez de alguna de sus partes, pero las vistas que hay desde arriba son muy buenas. Me contó Dorota la historia del hombre que está en la torre, que cada hora hace sonar una trompeta y que, por suerte, pudimos comprobar in situ cuando estábamos arriba. La historia es la siguiente: “En la iglesia de Santa María es famoso el toque de trompeta que cada hora recuerda a los habitantes  al héroe anónimo que avisó a la población de la invasión de la ciudad por tropas mongoles. El sonido de la trompeta es súbitamente interrumpido, pues según la leyenda aquél que daba voz a la trompeta cayó abatido por una flecha enemiga”. Después, bajamos y vimos la iglesia (o catedral) por dentro. Es una maravilla, algo que solo rompe el hecho de que, para poder hacer fotos, hay que pagar 6 zlote (siempre y cuando la persona encargada de controlar no esté mirando, en cuyo caso las fotos son gratis). Más tarde, comenzamos a dar una vuelta por la ciudad, visitando las iglesias que hay por la zona, hasta llegar al castillo de Wawel. Decidimos verlo luego y comer en ese momento. Luego visitamos el barrio judío, donde se pueden ver muchas sinagogas aunque casi todas estaban cerradas, salvo una en la que también había que pagar para entrar. Así que, tras dar una vuelta por esta zona de la ciudad, volvimos a Wawel para ver lo que había por dentro. Sobre todo hay que destacar la catedral, aunque como llegamos un poco tarde (a eso de las 5 de la tarde), ya estaba cerrada por dentro. Nos dimos una vuelta por el castillo y luego bajamos hasta el paseo que hay junto al río, donde se encuentra la escultura dedicada al dragón. La historia de este dragón es la siguiente: “Mencionada por primera vez en el 965 por un comerciante judío de Córdoba, Cracovia tiene muchas leyendas sobre sus orígenes. Una de ellas dice que la ciudad fue fundada por un tal Krak. Cuando Krak gobernaba en Cracovia en una cueva en la colina de Wawel habitaba un dragón. La bestia fue vencida por un zapatero Szewczyk Dratewka. Una vez en Cracovia, podrán ver la figura del dragón cerca de su cueva y visitar el histórico montículo que conmemora al legendario fundador de la ciudad”. Luego volvimos a nuestro hotel, para abrigarnos un poco y salir a cenar tranquilamente, porque al día siguiente íbamos a visitar Auschwitz.
Desde la estación de autobuses de Cracovia hasta Auschwitz tardamos una hora, más o menos. Llegamos justo a Auschwitz I, el campo de concentración más pequeño de los dos que hay en el pueblo, y desde el que se empieza la visita por un pequeño museo para luego pasar a la zona de los barracones. Yo creo que uno no se da cuenta de las dimensiones de lo que pasó allí hasta que entra dentro de los barracones, todos de cemento y ladrillo, y empieza a ver las cosas que se cuentan dentro. Digamos que, cada barracón, contiene explicaciones sobre lo que pasó en esos campos de concentración, así como explicaciones de la Segunda Guerra Mundial, como por ejemplo su inicio el 1 de septiembre de 1939, cuando el ejército nazi atraviesa la madrugada de ese día las fronteras de Polonia, o la rebelión de Varsovia que mencioné anteriormente y que supuso la muerte de más de 150.000 personas. Pero más duro es saber las condiciones en las que eran tratados la mayoría de los presos, a los cuales se les entregaba un único uniforme de presidiario que tendrían que utilizar durante todo el año, fuese verano o invierno, y hasta que muriesen. Solo se les daba una comida al día, escasa en calorías, y se les hacía trabajar más de 10 horas, lo cual hacía que muchos muriesen de cansancio o inanición. En cuanto un preso era sospechoso de querer fugarse o de mantener contactos con el exterior, rápidamente era separado del resto de presos y, en más o menos tiempo, ejecutado. Formas de ejecución había varias, aunque se usaban las más comunes: fusilamientos y ahorcamientos. También había ejecuciones inminentes, disparos en la cabeza perpretados por los propios agentes del campo de concentración. El barracón que más escalofríos producía era el llamado “Barracón de la muerte”, en el que se hicieron las primeras pruebas de asesinatos múltiples en cámaras de gas. También allí eran “preparados” muchos presos para ser fusilados en el espacio que había entre el barracón 10 y el 11. Pero más cruel, creo yo, era la habitación destinada a los presos castigados, un sitio donde había unos cubículos de, aproximadamente, 1 metro cuadrado, en el que entraban hasta 4 presos (de pie, obviamente) y en el que tenían que pasar casi la mitad del dia, pues la otra mitad la pasaban trabajando. En condiciones así, era difícil pensar que nadie sobreviviera. Las cifras van pasando, la cantidad de asesinados era tan grande, que ya casi no me acuerdo de lo que vi. Los judíos eran trasladados de todas partes de Europa, todos con el destino marcado: la muerte.
Tras ver esa pequeña parte del campo de concentración, quedaba la visita a Auschwitz II – Birkenau, una zona inmensa situada a escasos 3 kms. de Auschwitz I, un recorrido de 5 minutos en autobús. La primera imagen que se le queda a uno es lo grande del lugar, porque echando un vistazo a la derecha de la entrada principal, bajo la que pasan las vías del tren que llevaba a los prisioneros hasta el campo de concentración, se puede ver que la verja de seguridad termina muy lejos. Pero también es llamativo el hecho de que, hasta donde alcanza la vista, el fondo del campo está también muy lejos. Como se puede ver en alguna foto, la extensión del campo es abrumadora, y la cantidad de prisioneros incalculable. Por ejemplo, en los primeros barracones que vimos, los de madera, podían entrar unas 400. Teniendo en cuenta que había 15 barracones por fila, eso deja una cifra de 6.000 prisioneros por fila de barracones. Si a eso multiplamos las 9 filas que había en el sector BIIa, salen 54.000 prisioneros solo en ese sector del campo… Teniendo en cuenta que había más sectores, además de Auschwitz I, no parece fácil calcular la cantidad de prisioneros que se podían juntar a la vez en los campos de concentración. Sin duda alguna, a mí me llamó la atención el olor, por encima del silencio. Yo nunca había olido algo así, un olor diferente, algo que solo se puede saber estando allí. Quizás los campos polacos huelan distinto, pero no lo creo. Sin duda alguna, lo mejor que se puede hacer es andar y contemplar todo lo que habían hecho allí los nazis. La mayoría de los barracones, cocinas, almacenes y letrinas de madera están  destruidos, y eso mismo sucede con los de ladrillo, aunque en menor medida, así como con los crematorios, destruidos por el ejército nazi ante la llegada de las tropas soviéticas con el único afán de destruir las pruebas de lo que allí se había hecho, del genocidio u holocausto o exterminio. Las fotos que se ven en blanco y negro, en el álbum, creo que pueden dar una visión más histórica que otra cosa, puede que den una visión más real de lo que allí hubo hace 70 años.
Tras recorrer casi todo el campo, volvimos para coger el autobús que nos llevara a Auschwitz I y, de ahí, coger el autobús que nos llevará a Cracovia. Curiosamente, lo que a la ida fue un viaje de 1 hora (55 kms), a la vuelta fueron 2 horas y 15 minutos. Y es que, por no sé qué motivo, el autobús fue parando en todos los pueblos que encontró en el camino, cosa que no hizo a la ida, y al llegar a Cracovia, un par de semáforos provocaron un atasco importante. Vamos, que apenas tuvimos tiempo para ir a la estación de tren y pararnos en el andén para esperar. A la vuelta, esta vez nos tocó sentarnos en el pasillo, como a mucha otra gente, porque está permitido vender más billetes que asientos tiene el tren, aunque no se hizo demasiado pesado. Nos fuimos de la estación central de tren de Varsovia, en el Centrum, hasta casa de Dorota para ir a cenar y dormir, que ya era tarde, y al día siguiente aún teníamos algo de tiempo para ver más cosas de Varsovia.
Para esa última mañana, antes de coger el avión de vuelta a Madrid, fuimos a ver el Parque Wilanow, donde está el Palacio Wilanow, del que dicen que es el Versalles polaco, aunque ahora mismo lo están restaurando y tampoco he estado en Versalles, pero creo que debe estar un poco lejos. Me gustó mucho más el parque, a pesar del cisne que me miraba con mala cara cuando le hacía la foto. Tampoco tuvimos tiempo para mucho más, porque había que volver a casa y comer antes, en un centro comercial que estaba de camino. Luego, tras esperar durante más de 30 minutos al bus, optamos por coger un taxi que nos llevase al aeropuerto y, una vez allí, nos despedimos hasta la próxima vez (que espero que sea más pronto que tarde) y me fui a coger mi vuelo hacia Munich, para después volar hacia Madrid.